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CARTA DE BOLÍVAR A MANUELA SÁENZ

 

Cuartel General en Tunja, junio de 1825

 

A la dulce, muy dulce y adorada Manuelita

Mi amor:

 

   Sé que tienes mucha disposición hacia mí y que has aprendido todas las artes en la estrategia del amor. Esto ha creado una deliciosa intimidad de pensamiento y afectos mutuos, que son ahora para mí un grato motivo de flicidad. ¿Sigues siendo la joya sagrada y sensual llena de encantos y atributos de belleza? Pues, bien, querida amiga, yo sigo pensando y gozando de mi imaginación, aunque sé que no ignoras la magnitud de tu sacrificio si resuelves venir acá.  Sí, yo invito, ¡Viva el amor en el raso y la seda, las camas mullidas con blandos colchones, los terciopelos rojos, las alfombras, la gloria de ver una mujer más linda que Cleopatra, ejerciendo todo el poder de sus encantos sobre mis sentidos; el ludibrio de rasgar tus vestidos sin importar su costo, deshaciendo al mismo tiempo tu laborioso peinado de tocador.

  

   Me atraen profundamente tus ojos negros y vivaces, que tienen el encantamiento espiritual de las ninfas; me embriaga sí, contemplar tu hermoso cuerpo desnudo y perfumado con las más exóticas esencias, y hacerte el amor sobre las rudimentarias pieles y alfombras de campaña.

 

   Todo esto es una obsesión, la más intensa de mis emociones. ¿Qué he de hacer? Tu ensoñación me envuelve en el deseo febril de mis noches de delirio. La moral, como tú dice, en este mundo es rlativa; la sociedad que se gestó y ha surgido en esa desastrosa época de colonialismo es perniciosa y farsante; por eso no debimos actuar, como tú bien dices, sino al llamado de nuestros corazones.

 

                                                                                        Soy tuyo del alma,

                                                                                                         Bolívar

 

 Fuente: Las más hermosas cartas de amor entre Manuela y Simón, Fundación Editorial El Perro y la Rana. Caracas, 2006. p. 62

 

   Si pensaban que nustro héroe fue osado y demasiado erotómano al plantearle sus necesidades sexuales a Manuela por medio de la misiva anterior, entonces lean lo que de manera contundente, precisa y breve le responde la amada, no sin menos fogosidad pasional:

 

/Sin fecha

 

General Simón Bolívar

Muy señor mío

 

   Mi genio, mi Simón, amor mío, amor intenso y despiadado. Sólo por la gracia de encontrarnos daría hasta mi último aliento, para entregarme toda a ustedc on mi amor entero; para saciarnos y amarnos en un beso suyo y mío, sin horarios, sin que importen el día y la noche y sin pasado, porque usted mi Señor es el presente mío, cada día, y porque estoy enamorada, sintiendo en mis carnes el alivio de sus caricias.

 

   Le guardo la primavera de mis senos y el envolvente terciopelo de mi cuerpo (que son suyos).

 

                                                                                                                                   Su Manuela.


 

 

 CARTA A MI MATA DE LIMÓN

 

Esta carta ha sido tomada del Diario Ültimas Noticias´(29-8-10), sección Echatucuento, pág. 12.  

 

 Cuando yo nací, ya tú estabas ahí, sembrada en el aptio de mi casa. Eras el verdor en todo su esplendor, toda naturaleza. Y qué decir de tus frutos, tan gustosos y a su vez, tan generosos. Ya de niños tu sombra nos cobijaba, a la hora de jugar y, cuando el calor reinaba, algún adulto preparaba la refrescante limonada que calmaba nuestra sed, en esas tardes tan asoleadas y extrañadas por mí.

 

   Te adorábamos, eras parte nuestra y de todos, ya quentu bondad traspasaba la frontera familiar: Recuerdo cuando doña Pilar pedía par de limones para aplacar una gripe que se había posado en su hogar; o a la señora Alba, quien combatía cualquier mancha de óxido  con la única arma del ácido de tus cítricos.

Aunque también le tenía mucho aprecio a tus vecinos, tus compañeros fieles, la mata de Cayena, que siempre andaba floreada cual muchacha coqueta, el elemental guanábano, todo un señor; el gran clemón, tan fuerte como un roble y la muy exótica ciruela fraile, tan dulce y tan agria. Ustedes fueron como guardianes de nuestra vida, visores silenciosos de todo lo que acontecía.

 

   ¡Cómo pasa el tiempo! Hace días pasé por la vieja casa y a pesar de que nos mudamos y que sé que ya no estás físicamente, me atreví a entrar, quizás llevado por la emoción y la curiosidad. Al notar que no había nadie, caminé hacia el patio, miré alrededor y comprobé que ahí estaba tu descendencia, no sé si tu hijo o tal vez un nieto. Lo cierto es que era tu pariente, lo observé y me sonreí. De repente, un viento pasó y se cayeron varios limones, los recogí cual ofrenda, en forma de malabares, luego los metí en mi morral y le hice una reverencia al árbol, en forma de agradecimiento, seguí así mi rumbo. Fuiste como un legado que mi familia un día plantó y que hoy por hoy, yo añoro.

                                                                                                ALTEMAR RODRÍGUEZ

 viverosladama

 

 


 DE: DANIELA PARA: JULIO

 

                                                                    Palmerola, 12 de marzo de 2006

 

Recordado amor:

 

   No tengas dudas de que los días sumergida entre la dulzura de tus afectos aún retornan a mis recuerdos como las brisas que besan los ventanales de mi habitación. No entiendo por qué te apartaste de mi lado de ese modo inusitado, en el momento cuando más crecía el fuego de mi pasión. Si pudiese encontrar el punto preciso donde se desvaneció el ancanto de nuestro idilio, segura estaría de retractarme de alguna falla con tal de revivr la ilusión contenida en nuestro romance. Supe desde el principio que algo me ocultabas, que no eras transparente en tus acciones y que una reserva guardabas con tal de no herirme, pero quise afrontarlo, así como el peñasco desea el rudo oleaje, a pesar de sentir la erosión de su influjo. Anhelo la dureza de tus ademanes y el fuego inextinguible de quellas primeras noches cuando nos conocimos en aquella playa lejana de mi pueblo. Solamente con verte con aquellos pantalones ajustados y el torso desnudo bajo el plateado resplandor lunar presentí desvanecerme en tus brazos. Más intenso fue el deseo al percibir aquella mirada delicada y profunda, que sin mediar escrúpulos se adentró en mi ser con tal profundidad que me causaba desespero.

   Hoy, con lágrimas en los ojos, recuerdo con avidez el desenfreno de aquellas tardes calurosas olvidados al cuidado de las caricias mientras las sombras iban devorando los últimos arreboles del horizonte. ¿Por qué no pude descifrar tus miedos? Mejor hubiese sido hablar sin recelos, asumir la realidad y buscar algún reparo lejos de todo mundo conocido. No me hubiese importado sacrificar mi vida en esta linda costa besada por suaves espumas con tal de buscar la felicidad a tu lado, aún en el más lejano rincón; pero debiste decírmelo: yo lo hubiese aceptado.

No me hubiese importado tu arraigo proletario, tus fobias patronales y tus disquisiciones antiimperialistas. Eso hubiese sido secundario ante el deseo de ser feliz a tu lado. ¡Cómo pudiste creer que me importarían las estrecheces, si estuve dispuesta a todo por ti!, era capaz hasta de pasar hambre con tal de ver crecer nuestro pecunio centavo a centavo, esfuerzo por esfuerzo, con cada gota de sudor abonando el campo de uestra felicidad.

   Supiste herirme, finalmente, con tus displantes, tu agresividad sorpresiva y la amargura que te acompañó hasta que te fuiste. No te guardo rencor, sé entender tu incapacidad para ser sincero, y aunque sientas que tu sexualidad fluye con mayor compatibilidad en brazos de tu mejor amigo, entiende que la mía quedó truncada al enterarme que aquel hombre que me amó con tanto furor escondía una sensible debilidad hacia los de su mismo sexo. Es grotesco decirlo del modo que sea, porque siempre viví aletargada por la potencia de tu virilidad venida a menos.

   No debo continuar, porque temo ofender la dignidad de tus sentimientos actuales. prefiero quedarme herida y desencantada a tener que expresarme mal de una persona que me dio lindos momentos de cariño.

   Prefiero seguirte recordando como el bello amante entre las arenas de Palmerola antes que imaginarte disfrutando las caricias de otro hombre.

                                                                          Con infinito pesar:

 

                                                                                     Daniela

 


                                                                                                 

DE STEVEN PARA SU AMADA

 

                                                                                                                                     Bagdad, 26 de enero de 2010.

 

  Hoy he despertado en medio de una terrible conmoción, producida por el incesante ruido de artillería. Anoche sucedieron una serie de atentados en varios hoteles, entre ellos uno cercano al sitio  donde improvisamos una trinchera, el espectáculo fue demoledor: casi cien personas entre muertos y heridos. Gracias a Dios estoy a salvo, y aunque parezca mezquindad, vanagloriarse por la vida mientras he aniquilado a una veintene de iraquíes, siento el infinito placer de respirar porque pronto voy a estar a tu lado. Esta guerra ya está por terminar; espero estar pronto en casa, disfrutando de los ricos placeres de estar a tu lado. Debo decirte que cada disparo lo he consagrado a la suerte de cuidar mi existencia porque sé que me amas y necesitas con gran fuerza. Yo no sabría vivir sin la esperanza de llegar a casa y encontrarte en portal, con tu vestido ligero, el pecho turgente y la sonrisa esplendorosa; esa sonrisa que me ilumina cada amanecer, porque la llevo en mis recuerdos como una brújula que guía mi existir.

   Amor, estar aquí es la peor pesadilla que me ha ocurrido. Ýo no tengo parte en este conflicto, sin embargo tengo que disparar a personas que sí saben por qué luchan. Pero la circunstancias de mi carrera militar me hacen pensar de un modo diferente, y ya que estoy aquí debo sobrevivir: el modo m{as efectivo de hacerlo es combatiendo, aunque por esos medios corra el riesgo de morir. Pero no te aterres con la idea de verme regresar en un ataúd. Nuestro Comandante ha anunciado de modo informal que quizás en julio estamos de vuelta a nuestra amada patria. Estaré deseoso de besar tus dulces labios y sentir la tranquilidad que me dan tus caricias.

 

                                                                                               En medio del fuego cruzado, te amo:

                                                                                                                             Steven

 

 


Querida Yarimar:

 

Las horas que transcurren quedas sin tu compañía son el más amargo aliciente para mi dolor. No hay sosiego para mi pena ni cansancio para  mi sufrir. Si pudiera recomponer los sucesos, diría que fue mi culpa y aceptara la insolente actitud de mi egoísmo. Ahora, confundido, desesperado, no hago más que pensar en que puedas haber tomado la decisión de apartarte de mí a causa de otra ilusión, como si no fuesen suficientes las alegrías que juntos construimos. Si al menos tuviera la seguridad que no es por otro por quien me dejas, la soberbia de mis rencores se disiparía en un tris.

 

Ayer estuve en el apartamento mientras trabajabas. El olor de tu ropa me hizo pensar que aún estás pegada a mi piel como un tatuaje indeleble de ternura. A riesgo de parecer cursi, quiero expresarte que "sin tu cariño son de cartón todas las estrellas". Con lágrimas en los ojos escribo esta nota, la cual dejo abandonada sobre la peinadora, con la esperanza de que puedas leerla. Ojalá el viento de tu olvido no ignoren estas líneas que he plasmado con el más hondo sentido de arrepentimiento.

 

                                                                                                   Te quiero

 

                                                                                                         Jhon.

 

 

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