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Ahora sí se pone la cosa buena en el Blog, los más noveles autores se animan a mandar sus poemas para ser publicados.

En esta ocasión Franklin Millán remite este par de composiciones en verso, muy al estilo de los corridos llaneros, que en Venezuela son ampliamente difundidos por medio de la canta y el recitar jocoso.

 

FRANK.jpg

Acerca del autor:

Franklin José Millán nació en Caracas el 3 de marzo de 1975, es Licenciado en Inglés, egresado de la Universidad de Oriente (Venezuela) y actualmente se destaca como radiodifusor, locutor, operador técnico, hace radio en caliente, animador, instructor de deportes, "fiel creyente y lector de la palabra de Dios, cristiano por convicción y de corazón,y revolucionario de nacimiento". 

 

              LOS INDIOS Y SUS COSTUMBRES

 

La india estaba cansada de estar siempre, todo el día,

recostada en una hamaca con el indio y su manía:

¡Que eso es nuestra costumbre!, el indio a ella le decía.

La pobre mujer pensaba en  la manera que haría

para que el indio parara, tal vez y descansaría.

 

Indiecitos todo el tiempo les nacían y nacían

y el jefe de la familia  en la hamaca todo el día

¡Cómo no fuiste mujer!, la india al hombre decía,

para  ver cómo le hicieras, a ver tú  cómo le harías.

 

La mujer a los chamanes consultaba día a día

Y se molestaba al ver que estos siempre se reían.

Sus rabietas aumentaban cuando explicaban los guías

que ese era su papel: “hamaquearse  todo el día”.

 

Mientras tanto el indio arriba y la india resentía,

metíos en esa hamaca que to´ el día se movía,

la fémina preguntándose

¡ cuándo esto acabaría!

 


En la plazoleta


En el pueblo donde vivo,

había una plazoleta,

donde to el que se sentaba,

hacia una morisqueta,

un perro que yo tenía,

 al que llamaba paleta,

perseguía su misma cola,

parecía una ruleta.

 

 La bandida de mi abuela

corría su bicicleta,

se le rompió el camisón,

y se le vieron las tetas,

un amigo mío enfermo,

que  caminaba en muletas,

se reía a carcajadas

viéndole las pantaletas.

 

Un cazador que pasaba,

hasta perdió su escopeta,

 al ver que mi pobre abuela

 tenia tremenda careta

de charco, que se ensució,

al caer de voltereta.

 

Un turista que llegaba,

también botó la maleta.

cuando veía a mi viejita

sacándose una caleta:

una carterita vieja,

sucia y toda cuchufleta,

y le dijo a todo el mundo…

¡Voy a pagarle cincuenta

al que coja esa maleta

y se la recueste bien

duro al musiú por la jeta!

 

A otro le puedo dar treinta,

pa que cargue esa escopeta

y le dispare a eso otro,

pa que deje la riseta,

y al que agarre esas muletas,  

le cambio mi bicicleta,

pa ver a ese desgraciado,

 recostao de su silueta,

y no venga mas pa´ acá

a reírse de las nenas,

que enseñamos nuestro cuerpo,

corriendo su bicicleta.

 

 Eso que no han visto ná,

 cuando monto patineta,

caigo esplataná en er suelo ,

 y quedo como una horqueta.

Ya no  quiero ni contá,

que parezco pandereta,

cuando doy la voltereta

 y ando sin pantaletas …

 

Eso pasó en mi pueblito,

donde todo el que vivía

 tenía su morisqueta...

 

 

 

La gata paría


(Castigo divino o ley del Karma)


 

No se me podrá olvidar

lo que pasó el otro día,

cuando una gata se echó

tras de la casa paría.

 

Eran las doce e la noche,

con la luna entremetía,

y comenzaron los gatos

a llorar su letanía. 

 

 -¡Me ahogo!, exclamaba  uno,

-¡Ojalá!, yo le decía,

y el bichito no paraba

de llorar su melodía.

 

 ¿Por donde andará ese perro

de raza desconocía?,

Ese diablo que comía

 cuanto pollo aparecía,

 

para  que acabe el tormento,

termine  esta sinfonía,

de llantos desesperados

que nervioso me ponían.

 

Seguía pasando la noche,

ya mi cara estaba fría,

sudando ya casi loco

de escuchar la gatería.

 

Me decidí a levantarme,

y de nervios no podía,

pero guapeando llegué,

gaspaleando a la cocina.

 

Le monte una olla de agua,

que al momentico ya hervía.

Como pude la cargue,

y cuando me disponía

a bañar a la  paría,  

tropecé con una silla

que en la sala yo tenía.

 

la olla se me cayó,

y me di un baño e maría,

y con to’ la cara ardía

me acordé de aquel  “¡Me ahogo!”, 

de los gatos que sufrían

y decía yo “¡Ojalá!”,

y “¡Ojala!”, yo decía...

 

 

LA GORDA

 

Estaba yo recordando 

cuando mi compadre Chucho,

me invitó pa una paella,

y se me ocurrió llevarme

de invitada a una doncella,

pesaba casi doscientos

kilos la hembra aquella 

y se arregló bien bonita

y  se llamaba Mireya.

Sacaron una botella

y se prendió la querella

y enseguida comenzaron

a cociná la paella,

yo notaba que mi amiga

ni veía la botella

más bien le tenía puesto

el ojo a la comida aquella, 

entre chistes y traguitos

casi la veía bella

pero 200 quilates 

pesaba la dama aquella…

sus grandes ojos  brillaron

cuando mi gorda Mireya

vio que metían langostinos

en la paila e la paella…

Chucho tocaba ese cuatro

y yo  cantándole a ella,

ya la estaba viendo linda

brillante como una estrella,

pero ella salivaba

hablando cual leguleya

y no le quitaba el ojo

a la olorosa paella,

yo le silbaba un tonito

y le seguía sus huellas,

pero ella ni me miraba

pendiente de la paella…

Cuando estuvo la comida,

después de siete botellas

la primera que se sentó

en la mesa fue Mireya,

la muy redonda y obesa

 pensaba que todo  era de ella

y saltó sobre la mesa

y cayó como centella

y la paella bañó completica mi doncella,

algunos taban arrechos

otros se reían de ella,

pero así mismo comía

de la paella Mireya… 

La escena era horrorosa

como  carro que se estrella  

y aunque olía muy sabroso

no quedó ná de paella,

Chucho fue y buscó el machete

y casi que la degüella

porque bastante centavo

le costó la comida aquella,

no la mates decía Alberto,

perdona no es culpa de ella!,

que con toda esa paella

no se lleno ni una muela

y tiene un hambre tan grande

que casi se come ella…  

y ahora la culpa es mía

que llevé a la gorda aquella,

cuando Chucho me invitó

a comer una paella.  

 

Tag(s) : #HUMOR

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