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Recuerdo que cuando niño solía oír a mi tío abuelo Juan Patiño una serie de palabras con las cuales denominaba plantas y frutos que se daban esplendorosamente en un cerro fértil a fuerza de pura constancia. Entre lidiar con los bachacos y gusanos forrajeros juntos fuimos domando aquella tierra dura, pedregosa pero generosa. En este patio trasero del humilde hogar donde mi familia estableció su asiento, en la calle San José de San Antonio del Golfo, conocí waikerukos dulces como la miel, kurukujuros, kajúas y toda clase de frutas criollas. Muy pocas personas conocían estos frutos nombrados con tan sonoras y extrañas palabras.

Mi abuelo era un hombre alto, de nariz perfilada, mandíbula fuerte y piel cobriza; seguro que era descendiente de indios y nunca apreciamos esa circunstancia genética como un signo de perfecta raigambre autóctona. Más nos enorgullecía el hecho de sabernos descendientes de un abuelo materno apellidado Alvins, en cuya genealogía abundaban descendientes españoles de ojos azules como los pozos de mar que mi madre heredó. De mi tío abuelo indio conservo la sonoridad de su lengua chayma, quizás aprendida entre pescadores, o en las encumbradas soledades de un lugar llamado La Fortuna, monte adentro de La Peña, donde dejó un entierro en el pie de un altísimo bucare, el cual siempre quiso ir a sacar con el tío Alejandro González, pero en eso les faltó decisión.

Juan Patiño fue hijo de Carmen Teófila Patiño, a quienes le decíamos Mamá Tuta, y de Simón Lanza, un berraco comerciante de pescado salado, a quien le gustaba más ron que agua. Güelito Juan, como cariñosamente le decíamos, luego de que Juan Ernesto Alvins abandonara a la abuela Carmen González, entabló con ella un concubinato que le duró hasta la muerte. Ya la abuela Carmen tenía cuatro hijos, entre los que se cuentan mi madre Hortensia Margarita. Por otro lado, e la unión concubina entre mi abuelo Simón Lanza y Ventura Rivero nacieron otra catajarria de descendientes, entre ellos mi padre Simón Rivero; ya Mamá Tuta había tenido a Juan Bautista con Simón Lanza. De tal modo que Simón y Juan fueron hermanos paternos, y aunque mi abuelo Juan terminó de criar a mi madre, es claro que entre Simón Rivero y Hortensia Margarita González no media ningú lazo consanguíneo. Por eso es que Juan Patiño fue mi tío abuelo, más abuelo que otra cosa, hasta el día de su muerte.

Por si esta referencia autobiográfica no les dice mucho, en función del título de esta artículo, debo explicar que todo viene a colación en el preciso momento en que me he encontrado con la referencia de Francisco de Tauste:  Arte y vocabulario de la lengua de los indios chayma, cores, coacas, cumanagotos y otros confinantes de la Nueva Andalucía. Esta OBRA usada como apoyo bibliográfico por Jesús Israel Acevedo Torrealba (WWW.monografías.com) ha sido la causante de ésa certera evocación de la infancia, porque al leer numerosos vocablos de la raza chaima asomaron estas ideas.

Los chaima fueron una extensa nación que pobló lo que hoy son los estados Monagas y Sucre. Etimológicamente su nombre se deriva de dos vocablos CHA, que significa semilla e IMA, que traduce grande. Entonces traduce la gran semilla (humana), que seres míticos esparcieron por sobres estas tierras orientales. 
       
"Hoy día este grupo milenario se encuentra ubicado al sur del estado Sucre y al norte del estado Monagas, en Sucre se ubican en el Municipio Ribero Parroquias Santa Maria, Santa Cruz y Catuaro, su población se estima en Sucre de seis mil individuos (6.000), la disgregación de sus comunidades esta comprendida en treinta y dos a saber: Los Mangos, La Gloria, La Toma, El Tigual, Guatamare, Las Vegas, Río Macho, Barrio Ajuro, Pueblo Viejo, Pasjuicillo, El Merey, La Sabana, Santa Maria, Las Lomas, El Cantón, La Providencia, Amanita, Los Altos, Potrerito, Agua Caliente, Santa Cruz, San Ramon, El Limón, Santa Ana, Crucero de Pabellón, Juasjuillar, Cambural, La Fundación, Catuaro, entre otras. Su misma condición geográfica permite la convivencia e interrelación con comunidades criollas, lo que ha generado un proceso de transformación de los valores propios. Sin embargo las costumbres originarias de los “chaima”, perviven en la gastronomía integrada por una gama de vegetales, animales silvestres, arepa de maíz, cachapa, cazabe, corozo, cuajao de palmito, piras, puchero, y pomui." (www.enlaceindigenas.gob.ve/detalle_pueblo.php?... )

A partir de aquí referiré esas palabras que recuerdo de la niñez, muchas de ellas comunmente usadas en el ámbito familiar. Con el nombre de Chikichiki o chikichike llamábamos a la comezón producida por una especie de tiña pedis o sabañón que salía en los espacios interdigitales de los pies. Churi es sustantivo que denomina al camarón de río, lo relaciono con la cuenca del río Curunmuntal (Pericantar, municipio Mejía), en sus orígenes debió ser Churunmuntal: río de muchos camarones. Waikeruco es una especie de parchita minúscula, muy dulce, cuyo bejuco permanece seco en verano y con las primeras lluvias de mayo reverdece. Ya, entre finales de mayo y principios de junio sus blancas flores de corazón púrpura albergan el zumbido de cigarrones y avispas de todo tipo, saciándose de su profuso polen. Encapsulados, como la uchuva, crecen los frutos, los cuales está listos para comer cuando queda desnudo y los globitos se tornan frágiles al tacto.

Mucho se ha escrito de la hallaca venezolana. Por ahí corre una leyenda que establece su origen a partir de sobras que juntaban los esclavos después de la Natividad de Nuestro Señor Jesús... Creo más acertadamente que esta denominación provenga del vocablo chaima Ayaka, el cual significa arepa o maíz seco cogido o tomado del campo. Se emparentan con este término otros como: ayaze o añaze que es el nombre que le daban al maíz cariaco y aya-ká, el cual traduce coger maíz. Para las posibles sobras que se toman  como el orígen de tan suculento manjar hubiesen usado ikotey: sobras.

De mi edad escolar recuerdo los actos de primavera y fin de curso, El Chiriguare fue y sigue siendo esa danza mágico telúrica que nos cautivó hasta hoy. De las inmediaciones de Campoma heredamos el mito de ese extraño animal con cola de burro y boca de bagre. Concuerda con el término chiriwi: gaviota. Es necesario destacar, que en la cuenca del Golfo de Cariaco se conoce como gaviota a la tijereta de mar, de plumaje negro y pecho blanco. Es probable que entre zamurito y chiriguare, disputasen en virtud de la negrura de su plumaje, los dominios de esos parajes lacustres.

En El Muco de Carúpano fue donde conocí el nombre yaguare que le dan al rabipelado. Especialmente, el yaguare blanco, el cual se consume guisado. Pues, su nombradía proviene del término aware que traduce rabipelado. No menos sabrosa es la guácara asada, cuyo rememorable sabor inspirara al ya fallecido poeta del campo Luis Mariano Rivera. Recuerdo dos guacaritas (kuakara)  colgadas sobre el fogón de la Mamá Vieja, la abuela Fermina González Pussetti, puestas ahí para curarme de una hernia descomunal en mi maruto. El Dr. Pedro Julián Ponce (Q:E:P:D) me extirpó el maruto en Carúpano a mis quince meses de edad, pero las guácaras quedaron al resguardo del humo como signo de nuestras creencias ancestrales.

En mi pueblo hay una calle llamada Guaimare. Cuentan que hasta los patios de las casas llegaba la ola muerta de la mar, que los caimanes de agua salada, que abundaban en el Golfo de Cariaco, acababan con la fauna doméstica, ayudados por los parranderos sancocheros de entonces. Guaimare lo relaciono con dos términos chaima como lo son kua: cangrejo de mar y con waimare: planta de higuereta. Es probable que en esa zona pululasen los cangrejos marinos a tal punto de darle el nombre a la citada calleja, o que más exactamente fuese un bosque de higueretas y por eso adoptó el nombre waimare, que luego se transformó en Guaimare, mediante un proceso de disimilación fonética.

También de la infancia llega a mi recuerdo el término desguatipado o esguatipao. Lo usábamos para indicar que a algún pajarito o mato (lagartija) se le salían las tripas cuando le asestábamos una pedrada con la china o gomera. En chayma los sustantivos wate o watipa se usan para designar los excrementos, seguramente de ahí se deriva esguatipao.

Con el término pure se conoce en cahima al niño que ya camina. Específicamente, cuando está en el proceso de dar los pininos. De modo despectivo se le dice actualmente pure a los viejos en nuestra sociedad, pero los ancestrales habitantes de estas regiones le dicen wipo al anciano.

Con un guaratarazo nos defendíamos de los valentones mucho más grandes y diestros en las lides del combate cuerpo a cuerpo. Más de una vez tuvimos que usar el subterfugio de una guaratara para intimidar al enemigo. Iwaratar debe haber sido el término aborigen que originó guaratara. Iwaratar es roca calcárea o piedra de yeso.

Kabuya y kachipo son palabras muy comunes en nuestro castellano, aunque en realidad son voces chayma. Kabuya traduce cuerda, Kachipo es la planta del bijao, también la corteza seca del plátano que se usa para envolver el piñonate en Margarita, huevos, muñequeras para las esguinces...

Con respecto al nombre de la población Cachamaure (municipio Mejía) se ha dicho que se originó por el nombre de un indio. Considero que en este caso se encuentra inserta la raíz chaima maur, cuyo significado es cinta en la frente; especie de cintillo de fibras encrinejadas que tal vez usaran nuestros aborígenes oriundos de estos lugares, pero más bien de los que habitaban enmontañados, hacia Campo Solo.

Es importante recalcar, que aún existen muchas lagunas en lo que respecta al origen de la población de San Antonio del Golfo. Algunos cronistas de Indias han señalado a un valle de Guaipanacuar (insisto en que se confunde con Capayacuar, los españoles deformaron y confundieron muchos nombres), lo que me lleva a pensar que wauipanacuar se pudiera relacionar con el sustantivo kapaya, que significa lechosa, tanto el fruto como la planta. Kapayacuar, desde luego, sería sitio sembrado de lechosas o lechosal. Si comparamos las condiciones ambientales de San Antonio de Capayacuar (Monagas) con las del extinto valle de Guaipanacuar (a 20 leguas aproximadamente de San Felipe de Austria, Cariaco), es en Guaipancuar donde mejor se darían las lechosas, mas no en el frío y alto San Antonio de Maturín. Actualmente en La Peña se cosechan buenas lechosas.

Otra suposición interesante de considerar es la que se refiere a la formación del nombre de nuestra ciudad capital. Se ha establecido como definitivo que el toponímico Cumaná proviene de los indios cumanagotos que habitaban a orillas del río Cumaná. Sin embargo, el historiador Eleazar Guillent sostiene que tales indios no existieron, por lo que cobra fuerza la idea de que Cumaná se derivó del nombre de una planta de hasta quince metros de altura, que se tupe de flores amarillas que sirven como expectorante y tónicas, a quienes los chaima llamaban kumana.

Kariaco es un árbol costero de flores blancas, por eso se le llama maíz cariaco a una variedad de granos suaves y blancos.  Katuche es la guanábana, katanare significa desabrido, kakcha es casabe, kansapire significa pecador, fornicador e incestuoso, kaikara es flauta de carrizo y apure es una especie de olivillo silvestre. Warichas son las mujeres, mukura es la tinaja de barro de buscar agua en el río o de guardar granos.

Curiosamente, en Carúpano (karirupana, karupana, karibana), se le dice culero a la persona embustera, hablachenta y mitómana. Este remoquete, tan ampliamente difundido, se derivó posiblemente del sustantivo kure, del cual acuñamos el significado de vivo, viva, avispado, sagaz. Kurepate o kurepato significan hablador, que excede o trata de exceder a los demás en las conversaciones. Kurepate pudo haber decantado en kurero, que luego llegó a ser culero, de tal modo que nada tiene que ver con esa respetable zona del cuerpo humano. Karina significa gallina. Chimaras, por si a alguien se le ocurre pensar que es apellido de alta nobleza de sangre azul, significa en chayma puya, astilla, punzón. Qué casualidad, a nuestro querido actor Yanis Chimaras lo asesinaron de un chimarazo.

Tag(s) : #HISTORIA

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