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Rafael Parrela, Descanso del Mariscal

 

Mataron al Mariscal,

quedó tendido en la selva,

su sangre cual manantial

sigue regando la tierra.

 

De Bogotá hasta Quito

y de Popayán a Pasto

la trampa ya estaba urdida

para un crimen tan nefasto.

                             

José María Obando

fue el autor intelectual

que a Sucre mando matar

para usurpar su mando.

 

Fueron un par de malvados

de nombres Erazo y Sarría

quienes con su felonía

al Mariscal han matado.

 

Apenas en la mañana

el sol se desperezaba,

ya en la selva lo esperaba

la muerte infausta y temprana.

 

Primero estalló un balazo

de fusil sobre su sien

 y tres balazos también

el pecho le destrozaron.

 

Del suelo lo levantaron

después de una larga espera

los campesinos humildes

que su cuerpo resguardaron.

 

Ocurrió un 4 de junio

de mil ochocientos treinta

cundo se enteró Bolívar

lloro tan triste infortunio.

 

¡Ay, mataron al Abel!

de Colombia y de la América

por ese crimen tan cruel

nadie ha pagado la afrenta.

 

Ninguna vida presenta

lecciones tan elocuentes

de una conducta perfecta;

Mariscal, tú estás presente.

 

En el canto de la palma,

en el vaivén de la ola,

y en el pueblo que enarbola

toda tu gloria y tu fama.

 

Cumaná te vio nacer

un día tres de febrero

Berruecos es el derrotero

donde fuiste a perecer.

 

Mataron al Mariscal,

quedó tendido en la selva,

su sangre cual manantial

sigue regando la tierra.

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