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La selección poética que se ofrece en este espacio está tomada del libro Historia íntima de la sabiduría popular, editado por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura de Venezuela,  cuyo autor es Miguel Ángel Varela.

 

El texto que a continuación se difunde está contenido en la contratapa de libro:

Miguel Ángel Varela (Cumaná, 1976). Autor delpoemario en prosa Algunas maneras de saberse lejos, distinguido con la Primera Mención en el Congreso Regional de Poesía  Alejandro Natera, en Ciudad Bolívar (2000) y de las Nociones elementale de nostalgia, guayabo y desolvido. Su trabajo literario (poético y crítico) está más bien desperdigado en publicaciones como la revista  "Florilegi (Escuela de letras de la UCAB, 1994) y "Trizas de Papel" (Casa Ramos Sucre, Universidad de Oriente, CONAC, 1996) y diversos periódicos de Cumaná y Ciudad Guayana: "Correo del Caroní", diario "Provincia" y el mensuario "Juntando Caminos". Varela se define como "practicante del desarraigo, aunque paradójicamente se reconoce heredero de la tradición poética cumanesa. Contradicciones como estas son el punto de partida de la concepción literaria del autor. Defiende la identidad Literatura = Humanidad, luego, Humanidad = Contradicciones. Por esta razón la columna que durante un tiempo escribió para la página de cultura del "Correo del Caroní" llevaba por nombre "Paradojas".

 

HISTORIA ÍNTIMA DE LA SABIDURÍA POPULAR

 

Dos años después de todos los años

se había quedado la playa dormida en el ámbar oscuro de su mirada

Fue entonces cuando estallaron las canciones en su cabeza

y desde las raras melodías convocó todos los dolores el mundo para sanarse.

 

Otro tanto fueron sus libros,

signos de los mayores sembrados en la piel de árboles desollados,

apenas palabras para leer.

Después el silencio eterno que impone la sabiduría de no saber nada.

De todas las militancias prefiero la de los temblores que emanan de tus gemidos.

 

Ante todas las certezas

prefiero las dudas que manan de tu sonrisa.

 

HECHIZO EN TIEMPO DE BOLERO

 

Se hace fácil entender

los antojos del asfalto

después del centésimo callejón sin salida.

Entonces

la vida se vuelve carretera.

 

Después de ti los autos vuelan,

las narices tocan,

los ojos huelen, el recuerdo desespera.

El azar ha vuelto a hacer

su toque de diana,

y ya no llevo tu aroma de sexo e inclemencia

para rendirle homenaje a tu recuerdo.

 

MORTALES INSTANTES DE ÁLGEBRA ELEMENTAL

 

Uno menos todos

es un planeta entero.

Cuando se cuentan todos y falta uno

sólo cuenta la muerte.

 

Los matarifes no saben contar

y mis sumas

son muy simples;

apenas calculo

distancias elementales: el espacio entre tus manos

y mi piel,

los años

que me tomaron encontrarte,

los segundos

en que te pierdo,

los ratos de no tener nada.

 

Eres todos

y ninguno

en los instantes en que me faltas.

 

AQUELLA CIUDAD TANTAS VECES DESTRUIDA

 

Aquella ciudad

tantas veces destruida

es una revelación inconclusa

de la febril pesadumbre por el poder eterno que guarda para sí

un implacable dios solitario.

 

Aquella ciudad es de sal

y de hambre, de amor y de arcilla.

El escenario infame de las batallas perdidas de Dios.

Aquella ciudad es de nadie,

aquella ciudad es tan mía.

 

Aquellas casitas con cuarenta de fiebre

en la mansedumbre hedionda de las orillas del Golfo

son el monasterio de los profetas del desastre;

grandes poetas que escriben

manifiestos irrepetibles entre escupitajos de tabaco y ron,

con espinas de tajalí

incrustadas en las encías, como recordando

el dolor del mundo después del milagro de multiplicar

la desdicha de la última cena.

 

Aquella ciudad tiene un castillo,

testigo único de una gloria de dudosa procedencia.

Y tiene amores, enredados en los manglares

que se calcinaron por la sed de mañana

que devoró a sus fantasmas de antaño.

Y tiene a Lola y tiene a Yeyo, como todas las ciudades tantas veces destruidas.

 

Aquella ciudad es un milagro de la creación;

nació de una centella de fuego

por el choque del tridente del mal y la espada de un ángel.

Desde entonces no ha dejado de parirse a sí misma

viviendo y muriendo

entre el vientre de un Golfo posesivo

y el semen de un río pequeño

que no nos deja ir por nuestras madres enfermas.

Aquella ciudad es de San Juan y de un diablo danzante,

de Santa Inés y de la Culebra

del poeta misógino y del Abel redentor.

 

Si no se acaba el poncigué

tal vez tampoco acabe esta historia...

vistaconcatedral[1]

Cumaná, vista desde el castillo San Antonio de la Eminencia.

Tag(s) : #POESÍA

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