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R. Chaderton.                                                                       Guillermo Cochez


 

Voy a leer un texto improvisado.

Sr. Presidente.

Señores Representantes Permanentes y encargados.

Ante una  ininterrumpida sucesión de infamias y  comentarios difamadores de sus adversarios, cuando fue candidato presidencial, uno de los políticos más brillantes de los EEUU, en el siglo XX, dirigente del Partido demócrata y embajador de la Naciones Unidas, en las Naciones Unidas, en tiempo de John Kennedy, respondió a sus difamadores con estas palabras: Si usted no cesa de decir mentiras contra mí, voy a empezar a decir verdades sobre usted”. Extrapolando, palabra que creo que nunca he usado, ojalá que la use bien. Extrapolando a nuestros tiempos, dentro del ámbito de la Organización de los Estados Américanos, yo tomo esa frase histórica de Adlai Stevenson para referirme a un caso de pequeña monta en su causante, pero que es necesario detener después de más de tres años y medio de paciencia y de amistosos intentos de persuasión para hacer cesar una alocada persistente y patológica cadena de intromisiones en los asuntos internos de la democracia venezolana, de la democracia bolivariana. Nuestra respuesta moderada y respetuosa solo ha servido para estimular una capacidad de comprensión con notables limitaciones. Una de las empresas electrónicas con mejor y más conocido nombre en el escenario tecnológico mundial, ha sido históricamente RCA VICTOR,  la cual logró colocar uno de los símbolos comerciales más duraderos y reconocidos, creo que compite con la COCACOLA, un perrito, creo que de la raza JACK RUSELL, junto a uno de los primeros gramófonos, respaldado por el lema: “LA VOZ DEL AMO”. Ese lema explica lo que ocurre detrás de bastidores de esta pequeña comedia. Mi silencio, a lo largo de todos esos años, se explica a través de tres características personales, y por eso ruego que nadie se sienta aludido oficialmente sino personalmente por mis comentarios. A través de tres características personales que pesan sobre mi actuación pública, y que justifican también mis discretos esfuerzos privados para lograr un cambio de actitud. Debo decir que yo soy un político, un diplomático y un caballero que aprendió normas de buena conducta en su casa, en la escuela y en la calle. Como político: familiarizado con maniobras, gestiones e intereses, confieso que prefiero polemizar con el dueño del circo y no con el más colorido y chistoso animador de la pista circense; pero el dueño del circo es muy inteligente y prefiere que otros sean voceros de sus intereses: “La voz del amo”. Como diplomático: hasta por deformación profesional, evito opinar en público sobre los asuntos internos de otros países, a menos que sea en respuesta a agresiones intervencionistas; y, por supuesto, eso solo se hace en defensa de la patria agredida o difamada. Como caballero: he aprendido el trato respetuoso y las buenas maneras con amigos y adversarios por igual, sin jamás permitir que diferencias políticas o intereses profesionales contradictorios interfieran con la amistad o las buenas relaciones personales. Tengo motivos para creer que así ha sido reconocido en este foro de las Américas.

 

Señor embajador de Panamá: le ruego tomar mis comentarios exclusivamente a título personal. Todavía a estas alturas, señor embajador de Panamá, me niego a admitir que sus recurrentes agresiones contra mi país y mi gobierno, así como sus comentarios venenosos y miserables sobre la salud del Presidente Chávez, a quien por cierto usted  desea la muerte, los haya hecho o los haga cumpliendo instrucciones de su gobierno. Por cierto, entre los aliados del embajador de Panamá en Venezuela; un representante de la oposición, hizo la propuesta, también miserable, por supuesto, de que una delegación de la oposición debía ir a La Habana e ingresar en, supongo, la habitación donde se encuentra convaleciente el Presidente Chávez para constatar su estado de salud. Eso sería un caso único en la historia política y diplomática del mundo. Y quizás, como el señor embajador de Panamá es un hombre extremadamente culto, artista; es pintor inclusive, debe haber traído a su memoria la imagen del cuadro de Rembrandt, La lección de anatomía, y en sus sueños y fantasías seguramente imaginó a los representantes, sus aliados de la oposición venezolana, rodeando el cadáver de un jefe de Estado, como él seguramente desearía que así ocurriese. Tan buenas son las relaciones con Panamá que es destino privilegiado de nuestros programas de cooperación y destino creciente de la inversión pública y privada venezolana. Por cierto, le recomiendo a los señores representantes permanentes entrar en You Tube. Tienen que poner las palabras PELEA EN LA ASAMBLEA. Repito, no traduzco al inglés porque es en español como se encuentra: PELEA EN LA ASAMBLEA, para que constaten la capacidad del señor embajador de Panamá para usar la fuerza bruta para disuadir a sus oponentes. Y lo tomamos muy serio, y creo que todos deberíamos tomarlo en serio, en caso de algún tipo de polémica con el embajador de Panamá. Yo tengo meses preparándome en boxeo y artes marciales, para poder estar en capacidad, desde mi debilidad de defenderme y salvarme de las agresiones, porque creo que al contrincante en el ring del boxeo de la Asamblea Nacional de panamá no le fue bien. Pero no estoy seguro porque no es uno de mis deportes favoritos. Señor embajador de Panamá, usted escribe en la prensa de Venezuela en contra del presidente Chávez, con toda la libertad que le garantiza la democracia venezolana y cada vez que puede declara en la televisión venezolana e internacional, especialmente en una guarida de delincuentes mediáticos llamados Globovisión, haciéndose eco de escandalosas campañas mediáticas antibolivarianas. Usted se reúne en Washington y en la ciudad de Panamá con personajes comprometidos con la desestabilización de la democracia bolivariana, y vinculados con organizaciones terroristas de ultraderecha. Usted mantiene contactos conspirativos con dos siniestros personajes fachistas y antivenezolanos. Uno, un creo que exejecutivo , en todo caso consultor ejecutivo de J. P. Morga CH, es un venezolano llamado Pedro Mario Burelli, quien por cierto está allá sentado detrás de la bancada de los E.E.U.U de América, como invitado especial del señor embajador de Panamá para presenciar lo que le ofrecieron como un espectáculo circense. El otro, es un exembajador ante la O.E.A., responsable de importantes daños a las relaciones entre los E.E.U.U. de América y Venezuela: Manuel Noriega, devenido en oncólogo, quien por su apellido –Noriega-, ejerce una suerte de atractivo patológico en el representante permanente de Panamá. Quien, por cierto, nos habla y nos da lecciones de derechos humanos y de respeto a la libertad de expresión como si el fuera el representante de la Confederación Helvética o de Uruguay. Lo extraño de esta historia, ya de suyo muy extraña, es que los repetidos y confidenciales reclamos diplomáticos ante los niveles superiores competentes  (ante sus niveles superiores competentes), hayan sido desatendidos o banalizados una y otra vez. Para explicar esa desatención de sus superiores voy a robar una palabra utilizada por la exsecretaria de Estado de los E.E.U.U. y exembajadora ante las Naciones Unidas, la señora Madeleine Albright, en una sesión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y quiero proferirlas, me cuesta, les confieso que me cuesta, en este sacro, púdico y virginal recinto de la O.E.A., pero la expresión indica quizás lo que esté pasando, y que explica como no hay quien lo detenga en sus avanzadas antivenezolanas. Con el permiso de la señora Albright, voy a utilizar la palabra que ella usó en español, porque de alguna manera me protejo con esa referencia de tanto peso y de tanta importancia: falta de cojones.

 

Señor presidente, porque el contraste es demasiado grande, no puedo evitar hacer comparaciones con el expresidente de panamá, país bolivariano, por cierto, y exembajador ante la O.E.A, Arístides Royo, con quien fue un honor haber trabajado reforzando nuestros intereses comunes y manejando civilizadamente nuestras importantes diferencias. Señor embajador del actual gobierno de Panamá usted no es un político, ni un diplomático, ni un caballero. Señor embajador de Panamá usted es un patán;  y para colmo, nadie se ha atrevido a decírselo, yo me voy a atrever, usted es muy mal pintor. Muchas gracias señor presidente.

 

Transcrito por Julián Rivero el 19 de enero de 2013.

Tag(s) : #INTERESANTE

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