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 Vera Lúcia Barbosa, secretária de Política para as Mulheres    Fotos:Adenilson Nunes

 

Si crees en una idea debes defenderla hasta hacer que ésta prevalezca. Pero cómo lograr incorporar tus puntos de vista sin caer en el fanatismo, la irracionalidad y el irrespeto por quienes te rebaten o contradicen. Este es un punto que ha generado suficientes polémicas, ha mandado gente a la horca y hasta ha generado guerras entre pueblos. La historia de la humanidad, parafraseando a Marx, ha sido la lucha de ideas dominantes contra ideas subyugadas. Todo el universo fluye entre una lucha de contrarios que genera grandes contradicciones dialécticas; las mismas han motivado el surgimiento de disciplinas, las cuales se subdividen en tendencias, movimientos o influjos, todas condicionadas por el predominio de   ideas emergentes que son aceptadas, acordadas y consensuadas de forma libre o impuestas.


¿Nadie convence a nadie?


Cada individuo en su complejo entramado de interacciones con el mundo social va adquiriendo una noción de las ideas que debe defender. En este caso es importante saber que la psiquis humana se desarrolla desde las influencias del medio social y que a su vez desde la subjetividad operan procesos que determinan el nivel de consciencia que un individuo adquiere a lo largo de su desarrollo. El mundo es el reflejo subjetivo de una realidad objetiva que en contacto social se va consolidando mediante acuerdo de normas y convenciones socialmente aceptadas.


Pretender imponer una idea de modo irracional es divagar en un mar de incomprensión que nos lleva a desavenencias con aquellos que refutan sin tener bases científicas de lo que discuten. “Las ideas, aunque sean buenas, no se imponen ni por la fuerza de las armas, ni por la fuerza del genio. Hay que esperar que hayan penetrado en las muchedumbres”, expresó José Martí. Sin embargo no es la espera el sentarse a ver como el otro se convence de su equivocación. En este caso, se trata de una espera movilizadora, activadora y propulsora de estrategias para difundir nuestros principios de tal manera que el otro pueda al menos aceptar que tenemos razón, aunque no nos apoye. También expresó José Martí que el mejor modo de decir es haciendo. Por lo tanto, no hay prédica sin práctica, lo cual viene a complementar la tesis de Karl Marx de que no hay teoría revolucionaria sin práctica revolucionaria y viceversa.

Un militante de las ideas es un ser movilizado, con profunda inspiración para trascender hacia quienes desea convencer. La mejor forma de convencer es con el ejemplo, acto que deviene en apostolado, modo de vida y fundamento filosófico.

 

Conocer es la premisa fundamental de quien pretende convertirse en activador de las ideas. No se puede defender lo que se desconoce. Especialmente conocerse a sí mismo; estar consciente de tus potencialidades y limitaciones. Las potencialidades, virtudes y características personales habrán de servirte para regular tus estrategias, dosificar tus intentos en función de un proceso progresivo de acercamiento con el oponente. Esto obliga, necesariamente, a un conocimiento del contrario; conocer su historia personal, su posición ideológica, sus mitos y creencias, sus carencias y potencialidades, para poder abordarlo sin menoscabar su dignidad, sin ofender su moral y sin ganarte un enemigo más.


Si la defensa de un ideal está motivada por aspiraciones momentáneas, donde prevalece más el beneficio personal que el mejoramiento colectivo, entonces serás un eterno demagogo. Un promotor del cambio debe estar fundamentado en valores éticos y morales, los cuales orientan de modo seguro sus modos de actuación. Desde luego, debes procurar cuáles son los valores que circundan o sostienen el andamiaje de tus ideas.


Un fanático es un charlatán que repite los contenidos y consignas transmitidos por los medios donde se expresan los líderes a los cuales imita y reproduce. Es más bien un militante alienado, sin recursos propios, sin argumentos científicos y ciertos que den sustento a sus planteamientos. En este sentido, es básico conocer el enfoque filosófico, el método, las circunstancias históricas que han dado origen a las ideas que defiendes, sus exponentes y sus luchas, así como la propuesta programática que en síntesis es el plan de acción que concretará la satisfacción material de lo que subjetivamente se plantea en la idea. Si tu prédica se circunscribe a la acción política, debes dominar, a lo sumo, un concepto de política que se corresponda con la postura ideológica en la cual te ubiques. De modo análogo, es importante conocer cuáles son las concepciones y teorizaciones políticas que maneja tu oponente. Nunca subestimes el valor de las ideas de tu contrario; así como crees que tus principios son novedosos, innovadores, pertinentes y posibles, también tu contrincante lo piensa de lo suyo.


La buena relación sin dobleces ni hipocresía, el buen sentido de la sociabilidad, la promoción de actividades que te permitan exponer tu sistema ideológico; sin recurrir a medios indignos que te lleven a un fin inmediatista, el respeto por la persona humana y tu perseverancia por estar cada vez más claro en tus propósitos te darán la ventaja necesaria para influir en las decisiones de tus adversarios, sin tener que aplastarlos ni subyugarlos.

Fortalece tus aptitudes como mediador y comunicador y evalúa tus progresos en función de la consecución de objetivos prácticos en corto y mediano plazo.

                                                                                                            Julián Rivero.

Tag(s) : #INTERESANTE

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