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Por: Julián Rivero.

 Las clases sociales elevadas han establecido de manera despectiva la acepción de la palabra vulgar. A todas esas expresiones y formas de ser que no están emparentadas con el buen gusto y la fineza de modales suelen denominarlas vulgares. En consecuencia, el hablar llano, sin rebuscamientos sintagmáticos ni eufemismos lexicográficos a menudo son considerados de baja ralea. Aunque no se pretende justificar un uso depauperado de la lengua, ni mucho menos la chabacanización del comportamiento humano, es necesario señalar que lo vulgar no es una condición despreciable en el ser humano. El Diccionario de la Real Academia Española, esa que impone reglas al castellano sin consultar con los hablantes, en su vigésima segunda edición, define el término vulgar como un adjetivo con las siguientes acepciones: 1) Perteneciente o relativo al vulgo. 2) Común o general, por contraposición a especial o técnico. 3) Que es impropio de personas cultas o educadas. 4) Dicho de una lengua que se habla actualmente, en contraposición con las lenguas sabias y 5) Que no tiene especialidad particular en su línea.

 

Por su parte, el Larousse (Diccionario básico de la lengua española), por Ramón García - Pelayo y Gross (1984), define vulgar como un adjetivo con los siguientes usos: 1) Característico del vulgo. 2) Que carece de educación, sin distinción. 3) Poco distinguido. 4) Corriente, ordinario. 5) Que no es especial o técnico. 6) Dícese de la lengua hablada en el pueblo, en oposición a la lengua literaria.

 

En la misma línea de pensamiento el diccionario Nuevo espasa ilustrado (2001) aporta las siguientes acepciones para la palabra el adjetivo vulgar: 1) Común o general por contraposición a especial o técnico. 2) Falto de originalidad. 3) Grosero, ordinario. 4) Relativo al vulgo. 5) Lenguas derivadas del latín por oposición a este.

 

A las claras queda establecido que calificar a alguien o algo con el adjetivo vulgar no constituye muestra de halago o mérito plausible. Sin embargo, es importante adentrarnos en las implicaciones éticas que corresponden a esta forma academicista de despreciar por la vía de la parafernalia lingüística la sencillez de la gnete del pueblo. Vulgar es vocablo derivado del latín vulgus. De entrada, como derivación de la lengua culta de los papados y academias se convierte en un término vulgar; es decir vulgar es vulgar. No es difícil imaginar de cual forma o procedimiento se valieron las capas sociales acomodadas para segregar al pueblo llano que tratando de sobrevivir a la persecución inquisitorial tuvo que adaptar su lengua originaria por aquella que más se pareciera a la que hablaban los grandes señores. Ha sido mediante la educación elitista y dirigida por las altas clases sociales el procedimiento fundamental de imposición de usos lexicales que a lo largo de la historia han reconfigurado la calidad de las relaciones sociales entre gente decente y plebeyos vulgares. No conforme con achacarle al ser sencillo y vernáculo tan procaz calificativo, se le suele apelar con sinónimos como: corriente, común, tópico, trillado, adocenado, chabacano, charro, plebeyo, popular, bajo, curí, inelegante,  mediocre, pedestre, general, basto, prosaico, ramplón, tosco, grosero, inculto, simple, romance (referido a las lenguas derivadas del latín). Pueden darse cuenta que dentro de tan amplia sinonimia se incluyen todos y cada uno de los términos con los que se suele aludir al pueblo.

 

Me llama la atención poderosamente que el término adocenado (derivado de docena) aparezca como sinónimo de vulgar. Buscando en los diccionarios antes citados encuentro que adocenado es definido como algo vulgar y de muy escaso mérito. En este punto la cuestión se vuelve más interesante porque se deduce que fueron las persecuciones contra los cristianos, por parte de las altas jerarquías que juzgaron y condenaron al Cristo, quienes acuñaron este término. Doce eran los discípulos o apóstoles que siguieron diseminando la religión cristiana luego de la crucificción de Jesús. Adocenado significaba en ese entonces parecerse a los doce (apóstoles) en sus ropajes, actitudes y prédicas, en su fe, por tanto ser adocenado era causal de muerte.

 

Para los campesinos de Salamanca constituye una afrenta el ser denominados charros,  así como para los mexicanos que visten traje de chaqueta con bordados, pantalón ajustado, camisa blanca y sombrero de ala ancha y copa cónica. Para los salamanqueños como para los campesinos mejicanos ser Txarros no es más que una vulgar condición.

 

En cuanto al término  grosero  se puede defender que, aunque aparezca como sinónimo de vulgar, constituye un abuso designar a la gente del pueblo con tan obsceno calificativo. Ser grosero es ser tosco, basto, ordinario, descortés, desatento y sin educación, rústico, burdo, patán, desatento, descomedido, bárbaro, bestia, bruto, cerdo, cernícalo, cerril, desconsiderado, impertinente, insolente, irrespetuoso, lenguaraz, soez, descortés, imperfescto, gamberro, incorrecto, procaz, irreverente, ordinario, bayunco.

 

Es categórico asumir que la lengua ha jugado un papel fundamental en la dominación de los pueblos. Quien impone la lengua impone un yugo. En el proceso de colonización es determinante la imposición de la lengua del opresor, más que por necesidad comunicacional por la firme determinación de catalogar despectivamente todo aquello con lo cual ha de arrasar. Desde el punto de vista de una ética lingüística debemos comprender la inconveniencia de catalogar, adjetivizar, describir o estigmatizar a los seres con tan absurdos conceptos que en nada dignifican la condición humana. Vulgar se le dice al  pueblo por provenir ese término del latín  vulgus, grosero se deriva de grueso, lo cual de modo figurado se concibe como lo que no es refinado.

 

Es una desfachatez la detestable condición en la cual las clases pudientes, con sus altas academias y finas esferas sociales han condenado a las personas de humilde origen a tan horrendos calificativos. Desde ese punto de vista han categorizado de vulgar y grosera la obra artística de los sencillos artesanos, la poesía popular de los cultores criollos, el canto hondo y sensible de la profunda voz del pueblo, los oficios artesanales que los ricos no se atreven a desempeñar, la culinaria criolla, cuya sazón agua la boca del más encumbrado cardenal, la pintoresca y escasa indumentaria del aborigen y el campesino, la diversión bulliciosa del pobre como la modestia de los hogares humildes.

 

Algunas vulgaridades de gente muy distinguida

Donde se allanan las diferencias

  • Al soplar el café caliente.
  • Al limpiarnos el trasero y mirar el papel.
  • En las preferencias por el sexo oral y salvaje.
  • Al babear la almohada.
  • Cuando tomamos una muestra de heces.
  • Tragarse el goteo nasal.
  • Rascarse cuando pica.
  • Sobreseer la culpabilidad de un corrupto ladrón.
  • Oler un pedo.
  • Emborracharse.
  • Morirse.
  • Salir de cabeza de la iglesia pero acostado en el féretro.
  • Ser enterrado con la cabeza hacia la cruz.

 

Tag(s) : #INTERESANTE

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