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14-04-2012

Buenas tardes. Muchísimas gracias por esta invitación a participar en esta cumbre empresarial. Hoy nos reunimos aquí para hablar sobre el futuro de las Américas, una región que, como bien sabemos, aún tiene graves y grandes desigualdades sociales que impiden el pleno desarrollo de nuestros países; y estoy convencida, bueno convencidísima, de que por lejos la mejor forma de combatir la pobreza en América Latina es invirtiendo en la educación de nuestros jóvenes y niños y hacerlo, especialmente, desde los meses previos a su nacimiento y creo firmemente que esta inversión social  debe provenir no solo del gobierno, sino de todos nosotros, incluida la comunidad empresarial. Este convencimiento está puramente basado en la experiencia espectacular que he tenido trabajando en educación por varios años y que quiero compartir con ustedes hoy. La desigualdad en América Latina, como ustedes saben, está entre las peores del mundo, y estos niveles tan altos de inequidad nos hablan del fracaso de generaciones pasadas de líderes políticos y empresariales latinoamericanos en ofrecer un crecimiento integral económico, pero no estoy aquí, por supuesto,  para llorar sobre la leche derramada ni para reflexionar sobre el pasado, sino más bien sobre los pasos que podemos dar de cara al futuro para que nuestras generaciones y nuestras naciones no fracasen otra vez, y que por el contrario realicen el inmenso potencial que se vive y que vive en sus cientos de millones de jóvenes. Sé que cada uno de ustedes trabaja con sus propias fundaciones y, bueno no estoy aquí para hablarles de iniciativas de caridad porque ya lo vienen haciendo muy bien, sino de inversión social.

 

En esta sala se encuentran algunos de los hombres y mujeres más poderosos de América Latina, gente con liderazgo, gente con recursos, con inteligencia, así que me pregunto yo: por qué no aprovechar esa inmensa posibilidad que tenemos en nuestras manos para luchar contra la pobreza, para encontrar juntos soluciones inteligentes a los problemas comunes de nuestra región. Existe una enorme evidencia de que educar a los jóvenes es la mejor inversión que una nación puede realizar. ¿Por qué? Bueno, porque ofrece los retornos inmediatos y más altos y más acelerados que cualquier otro retorno en cualquier otro tipo de inversión social. ¿Y por qué? Porque los niños crecen rápido. En algunas de las economías de más rápido crecimiento  del mundo de hoy, como China, la educación es una de las prioridades máximas. En Estados Unidos también. El día diez de este mes, precisamente, el secretario de educación Arne Duncan anunció otra expansión de 133 millones de dólares en adición a 583 millones que ya habían sido anunciados en programas de alta calidad de educación temprana. En este tipo de educación es en la que quisiera hacer especial énfasis en el día de hoy, porque la evidencia académica indica que el mayor índice de retorno para la sociedad, como resultado de la educación, proviene de la inversión en  aquellos años previos a que el niño ingrese al jardín de infantes, y el nivel de habilidad que un niño tiene a esa edad es el mejor predictor de cómo se desempeñará ese niño en la escuela secundaria, y en su desarrollo académico posterior a la escuela secundaria, y en los trabajos que lleve a cabo durante su vida adulta. Por esa razón, creo que en América Latina no podemos quedarnos atrás, y debemos, el sector empresarial como el gubernamental tener como máxima prioridad crear y financiar por completo programas eficaces de desarrollo infantil temprano. Está demostrado que por cada dólar invertido en la educación temprana de un niño, ese mismo niño le devuelve al Estado diecisiete dólares en su edad adulta. Un dólar invertido, diecisiete dólares de retorno. Ustedes que son los expertos en negocios, señores, yo creo que se dan cuenta que está clarísimo que esto es un buen negocio para todos. Es un buen negocio para el Estado, es un buen negocio para la sociedad civil y es un buen negocio para nuestras economías.

 

Los primeros seis años de vida de un niño son los más importantes y los que determinan su futuro en la vida, porque a través de ellos se forma su cerebro, se forman sus capacidades de aprendizaje, sus facultades psicomotrices, su capacidad de relacionarse con los otros, y es por eso que una buena nutrición, un buen apoyo psicosocial y una buena estimulación durante esos primeros años son tan fundamentales en su desarrollo.

 

Hace algunos años se hubiera dicho que la inversión en educación era una responsabilidad enteramente del Estado y que no correspondía al empresariado. Sin embargo, como estudiante que soy del tema de la educación, he tenido el placer de ver que esa forma de pensar es cada vez más obsoleta y cada vez más anticuada en el mundo de hoy. Como dice Michael Currel, profesor de Harvard, la mayoría de las empresas de hoy tiene una filosofía llamada el valor compartido, el famoso shared value, cuyo objetivo es hacer  solo aquellas cosas que simultáneamente aportan beneficios y valor para las comunidades en las que operan. También me ha alentado muchísimo conocer el modo en que el compromiso con la filantropía personal se está extendiendo en líderes empresariales de todo el mundo, inspirados por el ejemplo de Bill Gates, que como ustedes saben ha convertido el mejoramiento del sistema escolar en los Estados Unidos en el principal objetivo de su fundación benéfica en ese país. Para mí, lo mejor del valor compartido y del llamado filantro-capitalismo, que a propósito es el título de un libro estupendo que les recomiendo, es el practicado por Bill Gates, y el que considera que una inversión y no una acción benéfica particular. Este tipo de acción consiste en aplicar la mente, y las estrategias, y los recursos empresariales para resolver los problemas sociales. La acción benéfica tradicional, por lo general, la acción benéfica a la que estamos acostumbradas todos estos años en Latinoamérica apunta a aliviar los síntomas de los problemas sociales, lo cual es importante, pero no es tan importante como resolver los problemas desde la raíz. Creo que en América Latina tenemos una inmensa oportunidad de desarrollar nuestra acción benéfica tradicional a través de las llamadas fundaciones de caridad, y convertirla en  algo mucho más grande aún, en una gran inversión social de liderazgo mundial. Y esto, sucederá, estoy convencida, en la medida en que nos concentremos en la inversión en educación, y especialmente en educación temprana.

 

De todos los problemas sociales que vale la pena resolver, la educación es quizás la que más se encuadra en el propio interés empresarial a largo plazo. Después de todo, es la mejor manera de garantizar una disponibilidad sostenida de trabajadores que sean calificados en las próximas décadas. Es por eso, que hay empresas como Exxon Mobile, en Estados Unidos, que invierten millones de dólares al año en subvenciones para mejorar la enseñanza en matemáticas y en ciencias. Ayudar a una persona a salir de la pobreza es lo que la educación suele hacer, y yo he sido testigo de esto a través de los años que vengo trabajando en educación, porque crea potencialmente un cliente valioso para ustedes, y por eso este tipo de inversión junto con otros beneficios representa lo mejor para ustedes, lo mejo0r para sus empresas. El valor compartido, del que habla Michael Currel, consiste en utilizar los valores y los activos de una empresa cuando sea posible para el bien social. Eso es lo que en mi opinión constituiría un cambio radical en nuestra sociedad y los que nos convertiría, además en una sociedad realmente moderna en Latinoamérica.

 

En octubre pasado, tuve el honor de haber sido designada por Barak Obama para integrar la comisión asesora de la Presidencia para la excelencia educativa de los hispanos en Estados Unidos, y allí estoy trabajando junto a algunas personas destacadas, incluyendo líderes empresariales de compañías como AT&T y Univisión, y realmente creo que es imprescindible  que en América Latina los líderes empresariales participen activamente en servicios públicos similares, en la política y sobre todo, teniendo en cuenta en el conocimiento que pueden aportar en la economía mundial moderna.  Otra forma de filantro-capitalismo que puede consistir en facilitar sus mejores diseñadores de productos para que trabajen en crear formas accesibles de prestar servicio a personas que actualmente están excluidas del mercado utilizando la infraestructura física siendo contralada por una empresa; por ejemplo, facilitando el ancho de banda, por decir un ejemplo, en redes sociales de telefonía móvil para ofrecer materiales educativos a bajo precio. Esta es una idea, tengo entendido que Telecom Argentina está estudiando como hacerlo, y hacerlo para las comunidades rurales remotas en Argentina  en colaboración con la universidad de Stanford. Otra manera podría ser, por ejemplo, la donación de tiempo de los empleados de una empresa como mentores de niños en centros educativos. Otra manera de dar, puede ser que las empresas que venden alimentos y bebidas a personas humildes tienen la oportunidad de mejorarles su capacidad física para aprender incorporando en sus productos una nutrición adecuada y en la forma de mercadear sus productos también. No simplemente promocionando dietas saludables  esenciales en sus productos. Creo que el programa mundial de alimentos considera que las asociaciones entre los gobiernos, las organizaciones benéficas y las empresas como Cocacola, que hizo una prueba piloto con Nutri-juice, una bebida fortificada especialmente destinada a suministrar hierro a los niños con deficiencia de hierro en las Filipinas, significa que en diez años es posible terminar con la malnutrición infantil, y a nivel mundial. Así que, invito a cualquiera de ustedes que pueda colaborar para que esto suceda a cumplir con su parte, a los aquí presentes que tengan empresas alimenticias. Ustedes pueden colaborara a poner fin a la desnutrición, lo cual resultaría en niños mejor formados, niños con una mayor capacidad cerebral, más desarrollada para aprender, y me pregunto yo: ¿qué retorno de inversión puede ser mejor que este? También yo creo que sería fantástico ver a un mayor número de nuestros exitosos líderes empresariales de Las Américas  salirse del sistema tradicional de caridad y abrazar el filantro-capitalismo con el mismo entusiasmo que gente de otros países de no habla hispana, por ejemplo, como Bill Gates, Warren Buffett y su hijo, a quien quiero mucho, mi amigo Haward Buffett  y otros tantos que se suman a ellos. Especialmente, yo personalmente creo que es estupendo el espíritu del famoso “Giving Pledge, del a promesa de dar de Bill Gates y Buffett, por la cual piden a sus colegas multimillonarios que prometan públicamente ceder la mitad de sus fortunas, y, bueno espero que ojalá lleguemos a tener una versión  latinoamericana del famoso “Giving Pledge”  porque es lindo soñar, imagínense si todos los líderes  empresariales de América Latina se alentaran entre sí para dar más y compitieran por escribir los cheques más altos y por ser reconocidos como aquel que marca la mayor diferencia en el mundo de hoy gracias a sus donaciones. Si bien, yo sé que ustedes, y porque soy testigo de ello son personas que cada día dan a la sociedad, creo que aún podemos dar más. Basada en mi experiencia personal de estos diecisiete años que llevo invirtiendo en educación y trabajando respaldando la educación puedo afirmar con el corazón en la mano que este trabajo me ha brindado las mejores satisfacciones y los mejores momentos de mi vida. Tanto o más que mi carrera artística, porque he comprobado que cada dólar y cada esfuerzo invertido en las escuelas y en los programas educativos simplemente da resultados. A nadie le gusta perder ni tiempo ni dinero y a mí tampoco. Así que, a mí me encanta también dedicar mi tiempo, mi dinero y mi esfuerzo a promover la educación en la misma medida en que me encanta hacer música (aplausos), gracias, porque,  ¿saben qué? la inversión en educación jamás me ha defraudado, jamás. Y he aprendido que cada uno de nosotros puede marcar una diferencia considerable si nos ocupamos de nuestra filantropía, sobre todo de una manera estratégica. En mi país Colombia, junto con la fundación Pies Descalzos hemos construido y gestionado una red de escuelas en colaboración con el gobierno, y gracias a María Emma Mejía y nuestro equipo para ofrecer a los niños de las comunidades desplazadas nutrición y educación básica de muy alta calidad. Nuestras escuelas, más que escuelas, son centros comunitarios donde las familias pueden reconstruir sus vidas y pueden brindar a sus hijos un futuro mejor. Con la fundación Pies Descalzos hemos construido y continuamos  gestionando seis escuelas que ofrecen educación desde la primera infancia hasta la escuela secundaria, y beneficiamos en la actualidad a más de seis mil niños y jóvenes a treinta mil personas en sus comunidades y hemos acompañado a niños que podrían haber sido reclutados por la guerrilla o por los paramilitares, dadas las circunstancias de conflicto y de pobreza extrema en las que viven y que hoy por el contrario están camino a la universidad preparándose para ser ciudadanos de bien. Eso es lo que me apasiona de invertir en educación, ese poder de transformas, ese poder de cambiar lo que está mal, de cambiar eso con lo que no estamos de acuerdo. Con la fundación ALAS nuestro objetivo ha sido movilizar y sensibilizar a los distintos sectores de la sociedad sobre la importancia y la urgencia de invertir más en el desarrollo infantil temprano, y si algo he aprendido este tiempo es que la fórmula para el éxito en estas iniciativas filantrópicas se produce trabajando en conjunto, generando alianzas entre el sector público y el sector privado. Ayer, por ejemplo, anunciamos la alianza “Primero lo primero”, que es una alianza del sector público y privado para construir trece centros de atención temprana y cubrir 6200 niños aquí en Colombia. Estamos muy apasionados por este proyecto. Sin embargo, hay mucho más por hacer; en Brasil, en México, en Centroamérica necesitamos más alianzas, más alianzas entre ustedes y los gobiernos locales para cubrir las necesidades básicas de 35 millones de niños en Latinoamérica que no reciben ningún tipo de acceso a programas de salud, nutrición y educación adecuados en sus primeros años de vida. Con ALAS en la Argentina apoyamos el gobierno de la ciudad de Buenos Aires con 2 millones de dólares para centros de primera infancia, en Brasil hemos forjado una alianza con el gobierno federal, con la presidenta Dilma Rousseff para promover una mejor calidad de la educación y de atención a la primera infancia en Brasil, y que el gobierno construya 100 centros de aquí al 2016. En México comenzamos a trabajar en Quintana Roo con 10 centros para la primera infancia, dos de ellos se inaugurarán este año, ya pusimos la primera piedra hace muy poco, nuestro objetivo es continuar esa trayectoria de crecimiento y construir 15 centros de desarrollo infantil temprano, por año, en toda la región. Eso es con lo que me voy cada noche a dormir soñando, y sé que es posible porque no me gusta hacerme falsas esperanzas o sueños que no se pueden cumplir, yo creo en esto. Pero para lograrlo tendríamos que forjar alianzas con al menos quince empresas líderes, porque con estas tareas hemos comprobado cuánto podemos lograr si trabajamos en conjunto y de eso es que quiero hablarles hoy. Quiero invitarlos a todos a formar parte de este movimiento por la primera infancia por las Américas. Propongo, específicamente que a través de Luis Alberto Moreno y juntos con empresarios como Alejandro Santodomingo, que está aquí presente, que es mi gran aliado en esta causa, que diseñemos una estrategia inteligente para ayudar a cubrir las necesidades esenciales de nuestros niños latinoamericanos, necesitamos construir nuevos centros de educación temprana, hacen falta en toda Latinoamérica, no los hay. Necesitamos financiar más programas dirigidos a este sector de la población de cero a seis años de edad. La atención a la primera infancia reclama urgentemente de nosotros, y en una escala mucho mayor. Y para tener éxito esta causa exigirá la participación de todos nosotros y la voluntad de todos nosotros. Desde nuestras diferentes áreas creo que todos podemos hacer la diferencia, así que hoy quiero invitarlos  a ustedes, los integrantes del mundo empresarial, a que trabajemos en conjunto con el sector público para invertir en educación, que es el futuro de nuestros niños y es el futuro económico de nuestras naciones, y es el futuro de sus empresas. Los invito a que de la mano demos juntos este paso histórico, que marquemos un antes y un después en Latinoamérica y los invito a que se embarquen conmigo en esta experiencia que les prometo será fascinante. Este es el momento para construir la América Latina próspera, segura y fuerte que nos merecemos y que  siempre hemos soñado. Muchas gracias.

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