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211883519_b8d573710d.jpgFoto: Flickr

 

Habían permanecido seis meses guardaditos en su caja original, envueltos en el papel de seda estampado con sellos de la zapatería REX y en la suela se podía leer el sello de calidad "VERO CUERO" inscrito en un escudo repujado. Brillantes en extremo, aquellos zapatos no necesitaban betún, tan solo con pasarles un trapito de lana era suficiete para devolverles el esplendor de un negro azuloso en el cual podía verme el rostro. La útlima vez que los había usado fue el 13 de junio cuando tomé la Primera Comunión en la iglesia de San Antonio del Golfo. Aquella noche maíta y paíto bajaron a ver las fiestas y a pasearnos para lucir los estrenos de la ocasión. Es mi padre un criollo pescador artesanal y mi madre una ama de casa que aprendió a inyectar, castrar cochinos, embalsamar muertos, curar abcesos, hacer tortas, biscochuelos, ponquesitos, coser mantas de recortes y hacer la caridad a cuanto menesteroso pase por frente la casa.

 

Durante los seis meses que pasaron guardados en su caja de cartón los zapatos conservaron el donaire del momento primigenio cuando fueron traídos de Caracas por mi hermana Charito, como parte de sus esfuerzos en su tiempo de estudiante en "La Gran Colombia", bajo los cuidados de la Tía Dilia González. Era cuando yo tenía 12 años, en pleno proceso de elongación de cada hueso y músculo de mi corporeidad flaca y amarillenta. De junio a diciembre el pie me había crecido de 38 a 40 por el hábito de andar descalzo entre pedregulleros y chiviritales.

 

Había llegado el día de los estrenos, tradición que aún permanece en la cultura de la mayoría de los venezolanos el día de Navidad. Un pantalón nuevo de kakis, camisa manga larga de cuadritos y los anhelantes zapatos de charol, desesperados por salir de la caja y volver a saborear el polvo de la carretera de tierra que bajaba desde mi casa, pasando por frente al "Bar Pacurero" de Marco Antonio Malavé, hasta llegar a Guaimare donde comenzaba la vía pavimentada de la carretera nacional que conduce hacia Carúpano. Al principio, la emoción de la ropa nueva, el fulgor de los fuegos artificiales y la acuciosidad de la mirada hacia el cielo para ver quién descubriría primero al cometa me mantenían insensibles ante la incomodidad de mis pies tratando de acomodar sus dedos en el reducido espacio de los zapatos. Algunos niños miraban de reojo aquellos lustrisísimos zapatos y se reían con disimulo mientras yo sufría silente la tortura en mis pies. Se me iban entumeciendo los dedos de los pies, sentía como si un fuego devoraba mis talones y rogaba a Dios que la virgen pariera ese año más temprano y que el cura Gabriel Henao no se dilatara tanto en la eucaristía. Entretanto, mi padre se tomaba sus cervezas en el "Bar La Voz del Chofer", propiedad de su compadre Luis Antonio Pérez y maíta rodeada de su muchachera se sentaba en la muralla de enfrente a conversar con Doña Josefa Lanza y María Coronado, que siempre estaba pendiente de salir a buscar a su nietecita Ivis.

 

Todo el que pasaba por frete a mí tenía algún comentario que hacer sobre los zapatos. Cruz Armando Castañeda se sorprendió de ver que yo usara unos auténticos zapatos de cordovan, mientras que Nardo Marcano opinó: "Caramba en esos zapatos va a salir el cometa". Yo riposté: "Los dedos son los que van a salir". En ese momento recibía una mirada penetrante, intimidante y amenazante por haberle replicado a una persona mayor.

 

La tortura estaba lejos de culminar. En el Bar de Angito Pico tocaban "Los Teddys Boys" y maíta no perdería la ocasión de echar un pie. De tal manera que, cuando subiéramos  la empinada colina donde teníamos nuestro hogar, pasarían un ratito a bailar. Una parada previa para saludad a la Sra. María Pico y a Rosalía, nos brindarían el acostumbrado pocicle de tamarindo, mientras mis pies se resentían del maltrato de aquella noche decembrina.

 

De tanto quejarme, ya habiendo recibido uas cuantas reprimendas, Maíta se condolía y me dejaba cholear los zapatos -pero "sin pisarle el contrafuerte"-, debían volver los zapatos a la caja para tomar los pasos de nuevo el treinta y uno de  Año Nuevo.

Tag(s) : #HUMOR

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