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6481199829_75e88a31df.jpg Minotauro se ha materializado en forma de un feroz y horripilante centauro que merodea alrededor de la cabaña donde Chey Rodríguez descansa a solas porque he ido al poblado a comprar víveres. Ella no se percata de la destructiva presencia, solamente se distrae en recordar los momentos en mis brazos, los dulces retozos en el césped aún bañado de rocío lunar. En la rústica mesa de madera la mini Acer Aspire le sirve de instrumento para comunicarse con el resto del mundo a través del correo electrónico. Introduce la contraseña en su cuenta de correo y pulsa enter, mientras espera a que se active su msn siente un extraño bufido y un penetrante hedor a fiera en celo. Súbitamente, un fuerte golpe restalla contra la pared frontal de la cabaña y Chey atemorizada corre hacia la puerta trasera para escapar. Huye desesperadamente hacia un bosque de zarzamoras y se interna por una estrecha senda que conduce al bosque umbroso. Las zarzas rasgan sus pantalones ajustados de lona y las ramas arañan sus brazos descarnadamente. Detrás de ella Minotauro furioso galopa a pasos agigantados, sin embargo la ligereza de Chey, su astucia al adivinar cada resquicio del bosque la salvan de caer prisionera de la peligrosa criatura.

 

Llego a la cabaña y no encuentro a Chey; solamente hay un reguero de sus enseres y la mini ACER desparramada en el piso. Desesperado me lanzo tras el rastro pronunciado que se extiende a lo largo del angosto camino. De pronto, siento los bufidos del animal que trata de demoler la roca que cubre la entrada de la cueva donde Chey se ha escondido. Preso de un pánico superior me escondo entre los arbustos. Un ave vuela y Minotauro husmea el aire para detectar mi presencia. Mi temor se disipa porque Minotauro empieza a debilitarde de modo inesperado.

 

Grité fuerte y Chey no me oyó, la llamé muchas veces y ella no respondió. Decidí entrar a la caverna, y cuando lo hice, apareció ante mis ojos un collage de imágenes y sensaciones maravillosas que se creaban con la refracción de los escasos rayos luminosos que penetraban por una  grieta en lo alto de la cúpula que hacía de techo. En las paredes de la cueva infinidad de cristales luminosos proyectaban la imagen de Chey que se había quedado dormida sobre unas hierbas. Su rostro era bello, sus contornos deliciosos y su respiración profunda y silente. Toda la belleza no alcanza para explicar lo que veo. Es una sensación distinta que me causa confusión y no sé hacia cual de las Chey acudir.

 

Ella se desperezaba como de un lindo sueño en el que yo estaba a su lado acariciándola y calmando su angustia. Desesperado me abro paso entre las imágenes virtuales de Chey hasta llegar el centro de la bóveda y tomándola en mis brazos la despierto del ensueño con un beso profundo.

 

- Amor...- abrió los ojos y al verme sonrió. ¡Otra vez el aterrador  Minotauro!, me dijo.

- No te preocupes, estamos a salvos, déjame curar esos rasguños.

 

Mientras fui limpiando delicadamente la sangre de los brazos desgarrados por las zarzas sentía como su respiración se acrecentaba y su pecho se abultaba al son de las expiraciones. Algo de seducción había en sus quejidos,  emulación de dolor y placer. Nos besamos tiernamente hasta que cada beso condujo a un placer superior, lo demás se sobreentiende, basta con decir que el placer fue mutuo y profano.

Tag(s) : #INTERESANTE

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