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Mi delirio en el Chimborazo (7 de julio de 1823) se puede apreciar como una verdadera creación literaria, más allá de la tradición de los textos políticos y militares que escribió Simón Bolívar. Ciertamente, el proceso de la independencia latinoamericana del siglo XIX fue comandado por excelentes guerreros, que también fueron hombres cultivados, conocedores de la extensa obra filosófica y literaria clásica, lo cual se puede observar en este texto de Bolívar escrito en 1823.

 

Este texto permite visualizar la vocación artístico-literaria de El Libertador. Generalmente, se estudia al Bolívar militar, al pensador moralizante, cuyo verbo desarrolla por su profundidad ética y su precisión al contextualizar el panorama socio-histórico que determinaban la Venezuela colonial; esto se puede ver en textos como la Carta de Jamaica, el Manifiesto de Cartagena, así como la mayoría de sus arengas y decretos.

 

El momento histórico en el que Bolívar escribe “Mi Delirio Sobre el Chimborazo” está enmarcado dentro del período denominado Tercera República, la cual en la instauración de las instituciones republicanas en Guayana en 1817 y la posterior creación de la República de Colombia, ésta fue el resultado del Congreso de Cúcuta que se desarrolló el 30 de agosto de 1821 y duró hasta su disolución en mayo de 1830. Ya en 1821 Venezuela había librado su independencia el 24 de junio con la Batalla de Carabobo que fue dirigida por Simón Bolívar. Luego se liberan Cartagena, Popayán y Santa Marta. Este momento histórico Bolívar lo refleja mediante imágenes y metáforas cuando expresa: “Era el Dios de Colombia que me poseía”.

 

Sirve además esta pieza literaria para revelar la grandeza de Bolívar al reconocerse a sí mismo como un “mísero mortal que ha escalado tan alto, pero que ante el arcano del tiempo solo puede servir como un simple mensajero para sus semejantes cuyo destino es revelar la verdad a los hombres”.

 

 Sin duda, Bolívar no sólo fue un estratega militar o un político liberador de naciones. También fue un ensayista y poeta, su prosa es fina y enérgica, a través de ella ejerce un poder humano grande y firme, por eso su pensamiento escrito sigue vigente para muchas personas que luchan por la justicia.

 

 

Intencionalidad retórica y recursividad lírica

En Mi delirio sobre el Chimborazo Bolívar deliberadamente se plantea el ejercicio literario como vía de comunicar la manera como se siente ante los hechos que ha venido protagonizando, los cuales para la época de 1822 han desembocado en la creación de la Gran Colombia. Pudo Bolívar llamar este texto como Mis reflexiones en el Chimborazo, o tal vez Bolívar en el Chimborazo, o de algún otro modo. Sin embargo, usa la palabra que justamente alude a la profundidad psicológica y emocional del momento por el cual está pasando: un verdadero delirio, una locura en la cual lo ha envuelto el destino de la guerra y la pasión de ser el emancipador de repúblicas subyugadas por la esclavitud. Ya desde el título, Bolívar deja sentado que lo que está escribiendo es un delirio, no una pieza de certidumbre formalmente militar, o algún tipo de tratado político. El solo comienzo de Mi delirio en el Chimborazo ya es un preámbulo de la calidad poética del texto: “Yo venía envuelto en el manto de Iris”, constituye una alusión a un tema mitológico, característica propia del neoclasicismo. Iris, en la mitología griega, es la hija de Taumante y Electra; es considerada como la mensajera de los dioses al servicio de Zeus y muy particularmente de Hera. A Iris se le adjudican la gran velocidad al desplazarse, y en su movimiento deja la estela luminosa del arcoíris. Bolívar asciende a más de 5.875 msnm, al menos eso se deduce del texto cuando Bolívar relata: “Busqué las huellas de La Condamine y de Humboldt; seguílas audaz, nada me detuvo; llegué a la región glacial (…) Ninguna planta humana había hollado la corona diamantina que pusieron la mano de la Eternidad sobre las sienes excelsas del dominador de los Andes”. Ya Alexánder Von Humboldt había llegado a los 5.875 msnm en 1802, pero el Chimborazo tiene una altura de 6310 msnm, ¿llegó Bolívar hasta allá? A esa altura el frío glacial forma sobre los cuerpos una delgada capa de hielo que refracta la luz, a la cual literalmente interpretaríamos como el manto de Iris. Sin embargo, esa alusión obedece más a una figura poética que a un hecho físico literal, y pudiera interpretarse como la inspiración y motivación que Bolívar siente por todo lo que ha venido conquistando que llega a sentirse con un ánimo de dinamismo, optimismo y predestinación, ya que envuelto en el manto de Iris es como si estuviese protegido por una especie de fuerza extranatural que lo lleva directamente a hablar con Dios, sin necesidad de la intermediación de mensajeros.

Otra alusión a la mitología ocurre en el fragmento (…) “desde donde paga su tributo el caudaloso Orinoco al Dios de las aguas.” Para la mitología griega el dios de las aguas es Poseidón, hijo de Cronos y Rea, mantiene el dominio de todos los elementos líquidos del universo, de tal manera que Bolívar elabora esta hermosa metáfora para simbolizar a Venezuela como ese lugar donde el Padre río entrega cuentas al dios de los océanos en el Delta del Orinoco.

También alude a la mitología romana cuando dice que “Belona ha sido humillada por el resplandor de Iris.” Belona es la diosa romana de la guerra hija de Forcis y de Ceto, compañera o esposa de Marte. Para cerrar este tema, referente al significado del manto de Iris en la apreciación de las ideas literarias expresadas por Bolívar, vale la pena citar este fragmento: “Y arrebatado por la violencia de un espíritu desconocido para mí, que me parecía divino, dejé atrás las huellas de Humboldt”. Precisamente es el estado anímico  que trata de expresar El Libertador como una especie de vigor sobrehumano parecido al de la velocidad del viento con el que se desplaza Iris.


Bolívar el mensajero del padre de los siglos

El Tiempo se le presenta a Bolívar bajo la figura de un anciano y le encarga la misión de transmitir a sus semejantes la grandeza del universo físico y moral que le ha sido revelado por el cielo y que debe ser transmitido a los demás como una verdad. Bolívar se eleva al plano mítico de un ser sobrenatural capaz de conversar con el mismo Dios que en forma de fantasma se le ha aparecido. Bolívar queda fulminado en una especie de trance del cual lo levanta la voz de otro dios, la del Dios de Colombia, que lo había poseído antes con un fuego extraño y superior “la Historia de lo pasado y los pensamientos del Destino”. Cuando el fantasma desaparece Bolívar ya está listo para descender y contar su revelación a los demás mortales.


 

Tag(s) : #HISTORIA

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