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16 agosto 2009 7 16 /08 /agosto /2009 21:11
                                         
El seis de agosto de 1896 nació en Cumaná Andrés Eloy Blanco Meaño (Q.E.P.D.). Según Miguel Otero Silva (Q.E.P.D.): "conservó hasta la muerte la sal del Caribe en su ingenio, la dulzura de las uvas de su tierra en sus versos, y un perfil guaiquerí que era la imagen justa de su valiente rebeldía". ("Semblanza de un hombre y un destino", Diario El Nacional, 06 de agosto de 1974). Este notable poeta, periodista, humorista, abogado y político es, sin lugar a dudas una de las figuras más representativas de la intelectualidad cumanesa de todos los tiempos. Su obra literaria y su accionar políticose vio favorecido por su rol fundador de uno de los partidos de mayor influencia política venezolana, como lo fue Acción Democrática. Si bien en sus inicios tuvo que comer de las verdes del presidio y las amarguras de la persecución política, también es cierto que su obra adquirió mayor relevancia y difusión gracias a las políticas culturales del partido blanco. Sin embargo, esto no le resta méritos a la calidad lírica que Andrés Eloy Blanco expresa en su poética, la cual es una constante denuncia del dolor del Juan Bimba ante la adversidad de un sistema que ofrece pocas alternativas para la realización del hombre y la mujer del campo venezolano. En torno a su concepción artística el mismo Andrés Eloy escribió: "He desconfiado y desconfiaré siempre del  artista  que  nace "hecho" (Poda. Caracas, enero de 1934). Adivino mucho de cultura apresurada y no poco de "dernier cri" en el que recién nace con el plato del día. Por eso, antes que la obra del nuevo artista, me interesa su temperamento". En ese sentido el poeta siempre mantuvo una constante actitud renovadora de su arte, sin abandonar el drama trágico del pueblo empobrecido como lei motiv de su denuncia social.

Manuel Alfredo Rodríguez en su ensayo "Vida y poesía de Andrés Eloy Blanco" (Discurso en el Congreso de la República (Caracas, 8 de agosto de 1974) se refería al poeta en los siguientes términos:

Henos aquí, congregados ante la memoria de un sembrador de belleza que tuvo plena noción de la   responsabilidad de su oficio y depositó su mensaje,  sabia, premeditadamente, en el corazón  de los hombres  y en los  surcos de las tierras que lo  oyeron. Henos aquí por fin  en  este Capitolio que muchas  veces  fuera  escenario de la  hermosura  y  docencia  de  su  prédica, para recibir  del  Congreso  de  la  República  el  testimonio escrito  de  un  sujeto  de  hombría y poesía que  nació en Cumaná, se llamó  Andrés Eloy Blanco, hermoseó a su país y  su  tiempo, dio su voz, su  corazón y su carne a la causa del hombre y vivió y murió conforme al  código ético y estético  consignado  un verso que fue como su profesión de fe: "Vivir es desvivirse por lo justo y lo bello".

Estudió en Caracas, donde se incorporó al Círculo de Bellas Artes en 1913. En 1918 recibió su primer galardón por el poema pastoral "Canto a la Espiga y al Arado", y publicó su primer obra dramática, El huerto de la epopeya. Ese mismo año fue encarcelado por participar en manifestaciones contra el régimen, siendo ya estudiante de Derecho en la Universidad Central de Venezuela. A su graduación comenzó a ejercer la abogacía pero continuó escribiendo. En 1921 obtuvo el primer premio en los Juegos Florales de Santander (Cantabria), España con su poema "Canto a España". Viajó a España para recibir el premio, y permaneció allí más de un año, familiarizándose con las vanguardias. En 1924 fue nombrado miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. Ese mismo año visitó La Habana (Cuba), donde se reunió con intelectuales cubanos y venezolanos exiliados. (Wikipedia)

Sentido social de su poesía 

Aunque su trayectoria política opacó, en cierto modo, su obra literaria, también podría interpretarse en sentido inverso, hasta el punto de que tuvo que aclarar en una sesión de la Cámara de Diputados (el 10 de junio de 1943) su doble vocación de poeta por un lado, y de abogado y diputado por la otra:

"Algunos colegas no han tomado en cuenta mi cualidad de diputado, sino mi cualidad de poeta. Así podría yo negarle a cualquiera de mis colegas que no fuera abogado o médico el derecho a referirse a una materia penal, porque son farmacéuticos o comerciantes. Precisamente he tratado de juntar siempre mi cualidad de diputado con mi cualidad de poeta. Porque tengo del poeta un concepto nuevo; porque considero como la más alta de sus funciones la función social del poeta. Yo debo con todo afecto corresponder a la frase del diputado Manzo, quien en este caso no fue muy 'manso' conmigo que digamos, diciéndole que yo no soy un notable abogado. En mí lo único notable como abogado es la falta de clientela" ([9] ).

Dos buenos ejemplos de esta poesía de sentido social en Andrés Eloy los podemos encontrar en el Coloquio bajo la palma —de su obra Giraluna, publicada en 1955, poco después de su muerte—, y muy especialmente, en su famosísimo poema Angelitos Negros. (Wikipedia)


Andrés Eloy Blanco (1896-1955).

Poeta, cuentista, dramaturgo, periodista, biógrafo, orador y ensayista venezolano. Destacó en la poesía con una luz muy especial, lejano a las concepciones de sus contemporáneos. Siempre atento a la voz de la gente, de la calle, que halló reflejo en su versos. En el cuento, especialmente en "La gloria de Mamporal", criticó las famas pueblerinas; como dramaturgo, se asomó en la mejor de sus piezas, "Abigail" (1942), a las lecciones bíblicas; como periodista fue uno de los más afamados columnistas de la prensa venezolana; como biógrafo, se ocupó del gran presidente de la República, José María Vargas, en "Vargas, albacea de la angustia" (1946); como ensayista político, se destacó especialmente en su "Navegación de altura" (1941).

Extraordinario orador político y literario, cautivó a las multitudes venezolanas de los años treinta y cuarenta. Y lo siguió haciendo hasta su muerte en el exilio. Su última intervención pública, a horas del deceso, fue un discurso, en el cual llamó a lo mejor del espíritu venezolano a seguir viviendo. Como poeta gozó con sus poemas de una popularidad que tal vez sólo tuvieron Abigail Lozano (1821-1866) durante el siglo XIX, Andrés Mata (1870-1931) a principios del presente, Aquiles Nazoa (1920-1976) a partir de los años cincuenta o Víctor Valera Mora (1935-1984) en los últimos tiempos. Pocos de los creadores con el verso han logrado tan alta estimación pública, cosa que se pone de manifiesto con los textos que él recogió en su libro "Poda". Su obra contiene un registro muy amplio: toca lo personal, como en "El alma inquieta"; lo geográfico y lo telúrico ("El río de las siete estrellas"); se hace eco de las tradiciones ("El limonero del Señor"); es juguetón ("El conejo blanco" o "El gato verde"); suyos son romances sobre tradiciones, como el de "La loca luz Caraballo"; la transida emoción filial le lleva a concebir el que muchos consideran su mejor poema: "A un año de tu luz" o dejar escrito el viril testamento en su "Canto a los hijos". (www.arrakis.es/~joldan/aeblanco.htm)

SILENCIO

Cuando tú te quedes muda,
cuando yo me quede ciego,
nos quedarán las manos
y el silencio.

Cuando tú te pongas vieja,
cuando yo me ponga viejo,
nos quedarán los labios
y el silencio.

Cuando tú te quedes muerta,
cuando yo me quede muerto,
tendrán que enterrarnos juntos
y en silencio;                                                                                                 

y cuando tú resucites,                                                                          
cuando yo viva de nuevo,
nos volveremos a amar
en silencio;

y cuando todo se acabe
por siempre en el universo,
será un silencio de amor
el silencio. 
LAS UVAS DEL TIEMPO

Madre: esta noche se nos muere un año.
En esta ciudad grande, todos están de fiesta;
zambombas, serenatas, gritos, ¡ah, cómo gritan!;
claro, como todos tienen su madre cerca...
¡Yo estoy tan solo, madre,
tan solo!; pero miento, que ojalá lo estuviera;
estoy con tu recuerdo, y el recuerdo es un año
pasado que se queda.
Si vieras, si escucharas esta alboroto: hay hombres
vestidos de locura, con cacerolas viejas,
tambores de sartenes,
cencerros y cornetas;
el hálito canalla
de las mujers ebrias;
el diablo, con diez latas prendidas en el rabo,
anda por esas calles inventando piruetas,
y por esta balumba en que da brincos
la gran ciudad histérica,
mi soledad y tu recuerdo, madre,
marchan como dos penas.

Esta es la noche en que todos se ponen
en los ojos la venda,
para olvidar que hay alguien cerrando un libro,
para no ver la periódica liquidación de cuentas,
donde van las partidas al Haber de la Muerte,
por lo que viene y por lo que se queda,
porque no lo sufrimos se ha perdido
y lo gozado ayer es una perdida.

Aquí es de la tradición que en esta noche,
cuando el reloj anuncia que el Año Nuevo llega,
todos los hombres coman, al compas de las horas,
las doce uvas de la Noche Vieja.
Pero aquí no se abrazan ni gritan: ¡FELIZ AÑO!,
como en los pueblos de mi tierra;
en este gozo hay menos caridad; la alegría
de cada cual va sola, y la tristeza
del que está al margen del tumulto acusa
lo inevitable de la casa ajena.

¡Oh nuestras plazas, donde van las gentes,
sin conocerse, con la buena nueva!
Las manos que se buscan con la efusión unánime
de ser hormigas de la misma cueva;
y al hombre que está solo, bajo un arbol,
le dicen cosas de honda fortaleza:
"¡Venid compadre, que las horas pasan;
pero aprendamos a pasar con ellas!"
Y el cañonazo en la Planicie,
y el himno nacional desde la iglesia,
y el amigo que viene a saludarnos:
"feliz año, señores", y los criados que llegan
a recibir en nuestros brazos
el amor de la casa buena.

Y el beso familiar a medianoche:
"La bendición, mi madre"
"Que el Señor la proteja..."
Y despues, en el claro comedor, la familia
congregada para la cena,
con dos amigos íntimos, y tú, madre, a mi lado,
y mi padre, algo triste, presidiendo la mesa.
¡Madre, cómo son ácidas
las uvas de la ausencia!

¡Mi casona oriental! Aquella casa
con claustros coloniales, portón y enredaderas,
el molino de viento y los granados,
los grandes libros de la biblioteca
-mis libros preferidos: tres tomos con imágenes
que hablaban de los reinos de la Naturaleza-.
Al lado, el gran corral, donde parece
que hay dinero enterrado desde la Independencia;
el corral con guayabos y almendros,
el corral con peonías y cerezas
y el gran parral que daba todo el año
uvas más dulces que la miel de las abejas.

Bajo el parral hay un estanque;
un baño en ese estanque sabe a Grecia;
del verde artesonado, las uvas en racimos,
tan bajas, que del agua se podría cogerlas,
y mientras en los labios se desangra la uva,
los pies hacen saltar el agua fresca.

Cuando llegaba la sazón tenía
cada racimo un capuchón de tela,
para salvarlo de la gula
de las avispas negras,
y tenían entonces
una gracia invernal las uvas nuestras,
arrebujadas en sus talas blancas,
sordas a la canción de las abejas...

Y ahora, madre, que tan sólo tengo
las doce uvas de la Noche Vieja,
hoy que exprimo las uvas de los meses
sobre el recuerdo de la viña seca,
siento que toda la acidez del mundo
se está metiendo en ella,
porque tienen el ácido de lo que fué dulzura
las uvas de la ausencia.

Y ahora me pregunto:
Por qué razón estoy yo aquí? Que fuerza pudo
más que tu amor, que me llevaba
a la dulce aninomia de tu puerta?
¡Oh miserable vara que nos mides!
¡El Renombre, la Gloria..., pobre cosa pequeña!
¡Cuando dejé mi casa para buscar la Gloria,
cómo olvidé la Gloria que me dejeba en ella!

Y esta es la lucha ante los hombres malos
y ante las almas buenas;
yo soy un hombre a solas en busca de un camino.
Dónde hallaré camino mejor que la vereda
que a ti me lleva, madre; la verdad que corta
por los campos frutales, pintada de hojas secas,
siempre recien llovida,
con pájaros del trópico, con muchachas de la aldea,
hombres que dicen: "Buenos días, niño",
y el queso que me guardas siempre para merienda?
Esa es la Gloria, madre, para un hombre
que se llamó fray Luis y era poeta.

¡Oh mi casa sin cítricos, mi casa donde puede
mi poesía andar como una reina!
Qué sabes tú de formas y doctrinas,
de metros y de escuela?
Tú eres mi madre, que me dices siempre
que son hermosos todos mis poemas;
para ti, soy grande; cuando dices mis versos,
yo no sé si los dices o los rezas...
¡Y mientras exprimimos en las uvas del Tiempo
toda una vida absurda, la promesa
de vernos otra vez se va alargando,
y el momento de irnos está cerca,
y no pensamos que se pierde todo!
¡Por eso en esta noche, mientras pasa la fiesta
y en la última uva libo la última gota
del año que se aleja,
pienso en que tienes todavía, madre,
retazos de carbón en la cabeza,
y ojos tan bellos que por mí regaron
su clara pleamar en tus ojeras,
y manos pulcras, y esbeltez de talle,
donde hay la gracia de la espiga nueva;
que eres hermosa, madre, todavía,
y yo estoy loco por estar de vuelta,
porque tú eres la Gloria de mis años
y no quiero volver cuando estés vieja!...

Uvas del Tiempo que mi ser escancia
en el recuerdo de la viña seca,
¡Cómo me pierdo, madre, en los caminos
hacia la devoción de tu vereda!
Y en esta algarabía de la ciudad borracha,
donde va mi emoción sin compañera,
mientras los hombres comen las uvas de los meses,
yo me acojo al recuerdo como un niño a una puerta.
Mi labio está bebiendo de tu seno,
que es el racimo de la parra buena,
el buen racimo que exprimí en el día
sin hora y sin reloj de mi inconsciencia.

Madre, esta noche se nos muere un año;
todos estos señores tienen su madre cerca,
y al lado mío mi tristeza muda
tiene el dolor de una muchacha muerta...
Y vino toda la acidez del mundo
a destilar sus doce gotas trémulas,
cuando cayeron sobre mi silencio
las doce uvas de la Noche Vieja.
LA VACA BLANCA

De un amor que pasó, como un paisaje
visto del tren, cuando se va de viaje;
de un romance de un mes, en un cobijo
del llano, una mujer me dejó un hijo.

Ella murió, y abrieron una fosa,
y allí metieron el residuo humano,
y una cúpula azul sobre una losa
fué el mausoleo: el cielo sobre el llano.

Y me dejó un pequeño
así de grande y como flor de harina,
con unos ojos como para un sueño
y el laberinto de su lengua china.

Yo vine de muy lejos para verle. Tenía
las pestañas muy largas; me miró fijamente
y me mostró la lengua bajo la calva encía,
con una picardía
de granuja que dice: "Qué me verá esta gente?"

Tuvo hambre. Yo anduve de covacha en covacha
comprándole su leche al niño ajeno;
cada vez que encontraba una muchacha,
con cierta gula le miraba el seno.

Había seis mujeres:
eran cinco doncellas y una vieja arrugada;
eran diez pechos para los placeres
y dos que no servían para nada.

Pasé por el corral y hallé en la puerta
la vaca blanca y su ternera muerta.
Y se vino hacia mí la vaca blanca,
una estrella en la frente y una cruz en el anca...

Mi niño era de nieve; su ternera, de armiño;
por su ternera, yo le di mi niño.

Y era aquel despertar por la mañana,
cuando rompía el sueño
el mugir de la vaca en la ventana,
y el breve ordeñador iba al ordeño.

y aquella boca en el pezón colgante,
y aquel mirar de vaca, mansamente,
y despues, él delante
del testuz, y la vaca le lamía la frente.

Hoy le enterramos. Vino
la fiebre, y en dos días se me fué. En el camino
he encontrado la vaca; por la tierra albariza
se acercaba a lo lejos su dolor de nodriza...

Los dos nos arrimamos, y se puso a mirarme;
en la frente dolida se le avivó el lucero,
y sus remotos ojos parecían hablarme
del dolor que le daba de perder mi ternero.

Y la nodriza y todo
cuanto del llano tuve, se me quedó en el llano...
La vaca me miraba..., me miraba de un modo,
que yo sentí la angustia de enderle la mano...

LOS HIJOS INFINITOS

Cuando se tiene un hijo,
se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera,
se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga
y al del coche que empuja la institutriz inglesa
y al niño gringo que carga la criolla
y al niño blanco que carga la negra
y al niño indio que carga la india
y al niño negro que carga la tierra.

Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños
que la calle se llena
y la plaza y el puente
y el mercado y la iglesia
y es nuestro cualquier niño cuando cruza la calle
y el coche lo atropella
y cuando se asoma al balcón
y cuando se arrima a la alberca;
y cuando un niño grita, no sabemos
si lo nuestro es el grito o es el niño,
y si le sangran y se queja,
por el momento no sabríamos
si el ¡ay! es suyo o si la sangre es nuestra.

Cuando se tiene un hijo, es nuestro el niño
que acompaña a la ciega
y las Meninas y la misma enana
y el Príncipe de Francia y su Princesa
y el que tiene San Antonio en los brazos
y el que tiene la Coromoto en las piernas.
Cuando se tiene un hijo, toda risa nos cala,
todo llanto nos crispa, venga de donde venga.
Cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro
y el corazón afuera.
Y cuando se tienen dos hijos
se tienen todos los hijos de la tierra,
los millones de hijos con que las tierras lloran,
con que las madres ríen, con que los mundos sueñan,
los que Paul Fort quería con las manos unidas
para que el mundo fuera la canción de una rueda,
los que el Hombre de Estado, que tiene un lindo niño,
quiere con Dios adentro y las tripas afuera,
los que escaparon de Herodes para caer en Hiroshima
entreabiertos los ojos, como los niños de la guerra,
porque basta para que salga toda la luz de un niño
una rendija china o una mirada japonesa.

Cuando se tienen dos hijos
se tiene todo el miedo del planeta,
todo el miedo a los hombres luminosos
que quieren asesinar la luz y arriar las velas
y ensangrentar las pelotas de goma
y zambullir en llanto ferrocarriles de cuerda.
Cuando se tienen dos hijos
se tiene la alegría y el ¡ay! del mundo en dos cabezas,
toda la angustia y toda la esperanza,
la luz y el llanto, a ver cuál es el que nos llega,
si el modo de llorar del universo
el modo de alumbrar de las estrellas.

PINTAME ANGELITOS NEGROS 

¡Ah mundo! La negra Juana,
¡la mano se le pasó!
Se le murió su negrito,
sí, señor.

- ¡Ay compadrito del alma,
tan sano que estaba el negro!
Yo no el acataba el pliegue,
yo no le miraba el hueso;
como yo me enflaquecía,
lo medía con mi cuerpo,
se me iba poniendo flaco,
como yo me iba poniendo.
Se me murió mi negrito;
Dios lo tendría dispuesto;
ya lo tendrá colocao
como angelito del cielo..

Desengáñese, comadre,
que no hay angelitos negros.

Pintor de santos de alcoba,
pintor sin tierra en el pecho,
que cuando pintas tus santos
no te acuerdas de tu pueblo;
que cuando pintas tus vírgenes
pintas angelitos bellos,
pero nunca te acordaste
de pintar un ángel negro.

Pintor nacido en mi tierra,
con el pincel extranjero;
pintor que sigues el rumbo
de tantos pintores viejos,
aunque la vírgen sea blanca,
píntame angelitos negros.

No hay un pintor que pintara
angelitos de mi pueblo.
Yo quiero angelitos blancos
con angelitos morenos.
Angel de buena familia
no basta para mi cielo.

Si queda un pintor de santos,
si queda un pintor de cielos,
que haga el cielo de mi tierra
con los tonos de mi pueblo,
con su ángel de perla fina,
con su ángel de medio pelo,
con sus ángeles catires,
con sus angelitos blancos,
con sus ángeles morenos,
con sus angelitos indios,
con sus angelitos negros,
que vayan comiendo mango
por las barriadas del cielo.

Si al cielo voy algún día,
tengo que hallarte en el cielo,
angelitico del diablo,
serafín cucurusero.

Si sabes pintar tu tierra,
así has de pintar tu cielo,
con su sol que tuesta blancos,
con su sol que suda negros,
porque para eso lo tienes
calientito y de los buenos.
Aunque la Vírgen sea blanca,
píntame angelitos negros.

No hay una iglesia de rumbo,
no hay una iglesia de pueblo,
donde hayan dejado entrar
al cuadro angelitos negros.
y entonces, ¿a dónde van,
angelitos de mi pueblo,
zamuritos de Guaribe,
torditos de Barlovento?

Pintor que pintas tu tierra,
si quieres pintar tu cielo,
cuando pintas angelitos
acuérdate de tu pueblo,
y al lado del ángel rubio,
y junto al ángel trigueño,
aunque la Vírgen sea blanca,
píntame angelitos negros.

A FLORINDA EN INVIERNO

Al hombre mozo que te habló de amores
dijiste ayer, Florinda, que volviera,
porque en la mono te sobraban flores
para reirte de la primavera.

Llegó el otoño; cama y cobertores
te dio en su deshojar la enredadera
y vino el hombre que te habló de amores
y nuevamente le dijiste: --- Espera.

Y ahora esperas tú, visión remota,
campiña gris, empalizada rota,
ya sin calor el póstumo retoño

que te dejó la enredadera trunca,
porque cuando el amor viene en Otoño,
si le dejamos ir no vuelve nunca.

INFORMALIDAD

Yo no tengo noción del tiempo.
Mi corazón es un reloj
que de meditar las horas
se atrasó.

Cada minuto lo cavila,
cada segundo lo contempla
y con esa noción del tiempo
a ninguna parte se llega.

Yo siempre llego a todas partes
una hora después
o una hora antes,
Porque mi corazón, por momentos,
se detiene, para escucharse.

Yo no tengo noción del tiempo,
poe eso pienso muchas veces
que cuando muera, moriré
después del día de mi muerte...

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                                         MEMORIAS DEL SIGLO XX
                                        Últimas Noticias Domingo 04 de Mayo de 2003

1955: La muerte de Andrés Eloy Blanco                                                                         RAMÓN J.VELÁSQUEZ
                     

El 21 de mayo, en Ciudad de México, lugar de su destierro, en un accidente de tránsito, muere Andrés Eloy Blanco, el gran poeta de fama continental y figura destacada de la democracia venezolana, cuyo nombre era conocido y querido por toda la gente que recitaba sus versos.

Además, desde 1918, con motivo de las manifestaciones caraqueñas promovidas por la alegría que ocasionaron las noticias del final de la Primera Guerra Mundial y del triunfo de las naciones democráticas, la oratoria de Andrés Eloy Blanco entusiasmó a la multitud que desde entonces lo consideró como uno de sus líderes.

Su fama de poeta llegó a España, siendo consagrado como el primero en su concurso Hispanoamericano.

En 1929 fue acusado por el gobierno de Gómez de ser el autor de un periódico de oposición a la dictadura, El Imparcial, escrito en una máquina Underwood y que en versos y crónicas humorísticas y editoriales denunciaba las tropelías de la dictadura y señalaba a los doctores e intelectuales colaboradores del gomecismo en versos que luego se repetían en todos los grupos caraqueños. Andrés Eloy fue condenado a un calabozo de La Rotunda, luego al Castillo Libertador donde enfermó y la gestión de numerosas personalidades ante Gómez, lograron que el poeta fuera confinado en el pueblo andino de Timotes.

Puesto en libertad, meses antes del fallecimiento del dictador, publicó en Caracas, bajo el nombre de Poda, una antología de la obra que había escrito antes de ser reducido a prisión y al mismo tiempo editó Baldeker 200 y Barco de Piedra,su nueva poesía, escrita en la cárcel.

También publicó en esos días, La Aeroplana Clueca,un libro de cuentos.

En Caracas, el 18 de diciembre de 1935, al enterarse Caracas del fallecimiento del presidente Juan Vicente Gómez, se fueron formando numerosos grupos de personas de todas las profesiones, edades y rangos sociales. Entre estos grupos, uno formado por numerosos abogados, médicos, periodistas, escritores, empresarios y artesanos que se reunió en el Instituto “San Pablo” de los educadores Martínez Centeno, después de numerosas intervenciones, acordó que una delegación integrada por representantes de la mayor parte de los sectores profesionales y económicos viajara a Maracay, en donde despachaba el nuevo Presidente, General Eleazar López Contreras y que en nombre de todos hablara una sola persona: Andrés Eloy Blanco. La numerosa delegación, fue la primera que recibió el nuevo Jefe del Estado.

Andrés Eloy Blanco comenzó su discurso: “Señor Presidente: Aquí está Venezuela”. En su respuesta López Contreras señaló que haría un gobierno respetuoso de la Constitución.

Desde ese 19 de diciembre de 1935 hasta el 21 de mayo de 1955, el gran poeta fue también uno de los dirigentes de la democracia venezolana cu ya palabra logró la más extensa audiencia, los mayores aplausos y la permanente y multiplicada repetición por la gente, de sus hermosas y originales frases.

Fue diputado de la oposición durante los gobiernos de López Contreras y Medina Angarita y en esa etapa de su vida pública, además de sus intervenciones, en las que defendía las tesis de su partido, se recuerdan sus discursos en elogio de José Gregorio Monagas, el libertador de los esclavos y a la memoria de José Gil Fortoul.

En 1945, un golpe militar en cuya realización tomaron parte los más altos dirigentes de su partido Acción Democrática lo sorprendió en el exterior, pero al regresar tuvo en sus manos la tarea de explicar al pueblo los alcances de ese brusco cambio histórico y al realizarse las elecciones de los representantes a una Asamblea Nacional Constituyente fue escogido como el Presidente del cuerpo deliberante que iba a dictar los términos de una nueva Constitución nacional. Andrés Eloy demostró su capacidad como dirigente para evitar constantes amenazas de rompi miento de las fracciones políticas que se encontraban modificando las reglas constitucionales del país.

Con sus intervenciones que terminaban siendo aplaudidas por todos, con sus versos sobre la parte risueña o burlesca de cada enfrentamiento que ponía a circular entre los diputados y con sus proposiciones de tregua logró que hasta el final permanecieran reunidos adecos, copeyanos, comunistas, urredistas, sacerdotes y mujeres y que se lograra firmar el texto de una Constitución cuya vigencia iba a durar ocho meses.

El gobierno de Pérez Jiménez retardó durante un mes el permiso para traer a Venezuela, el cadáver de Andrés Eloy Blanco. El 20 de junio llegaron a Maiquetía los restos mortales del gran venezolano, para darles sepultura el día siguiente, en medio de estrictas medidas policiales. Los agentes de la Seguridad Nacional vigilaron todos los actos, pero a pesar de esos controles, el joven poeta y militante de Acción Democrática, Heli Colombani, en vibrantes palabras clausuró el acto del Cementerio, siendo de inmediato conducido a prisión.

La semana siguiente, en una sección que Rafael Caldera mantenía en la revista Élite hizo el elogio de la personalidad del poeta, bajo el título “Andrés Eloy en la Constituyente” pero la censura oficial que revisaba con anticipación los materiales que se iban a imprimir en los periódicos prohibió su publicación. La columna de Caldera comienza a circular entonces clandestinamente y es publicada en Excelsior de México, en julio de 1955.

Caldera hace el relato de su amistad con Andrés Eloy y de la extraordinaria ocasión histórica que los llevó a desempeñar protagónicas tareas en el seno de la Constituyente de 1947, y anota que “en muchas ocasiones, es de justicia proclamar que al fino talento de Andrés Eloy, a su cultura, y la simpatía que se sabía ganar, se debió en lograr parte que males mayores pudieran evitarse”. (www.ultimasnoticias.com.ve/ediciones/.../p43n1.htm)

 ANDRES ELOY BLANCO

Andrés Eloy Blanco

Nació en Cumaná el 6 de agosto de 1896. Además de insigne poeta, fue ensayista, dramaturgo, cuentistas y orador. En 1918 se gradúa de Abogado en la Universidad Central. Dos años antes había ganado los Juegos Florales de Guayana, con el poema Canto a la Espiga y al Arado. La consagración nacional la va a recibir cuando su Canto a España obtiene el Primer Premio en el Concurso Hispanoamericano de Poesía, auspiciado en Madrid por la Real Academia Española.

Su actividad política en oposición al régimen gomecista, lo llevó varias veces a la cárcel y al destierro. Restablecida la democracia, Andrés Eloy Blanco fue al Congreso Nacional; en 1947 fue elegido Presidente de la Asamblea Nacional Constituyente; y fue Ministro de Relaciones Exteriores con Rómulo Gallegos.

Se encontraba en México desterrado cuando pereció en un accidente automovilístico, el 21 de mayo de 1955. Sus restos fueron llevados al Panteón Nacional.

El conjunto de sus obras está recogido en libros que fueron publicados con inusitado éxito: Tierras que me oyeron; El Huerto de la Epopeya; Navegación de Altura; La Aeroplana Clueca; Baedeker 2000; Poda; Carta a Juan Bimba; Giraluna; Vargas, Albacea de la Angustia; etc.

Destacó en la poesía con especial luz, lejano a las concepciones de sus contemporáneos, los miembros de la generación del 18, casi todos ellos altos poetas intimistas. En cambio, Andrés Eloy Blanco atendió siempre a lo que decía la gente, la calle, de allí la gran popularidad de la cual gozó con sus versos. En el cuento, especialmente en el más valorado de los suyos, La gloria de Mamporal, criticó las famas pueblerinas; como dramaturgo, se asomó en la mejor de sus piezas, Abigail (1942), a las lecciones bíblicas; como periodista fue uno de los más afamados columnistas de la prensa venezolana; como biógrafo, se ocupó del gran presidente de la República, José María Vargas, en Vargas, albacea de la angustia (1946); como ensayista político, se destacó especialmente en su Navegación de altura (1941). Como orador político y literario, cautivó a las multitudes venezolanas de los años treinta y cuarenta. Y lo siguió haciendo hasta su muerte en el exilio. De hecho, su última intervención pública, a horas del deceso, fue un discurso, en el cual llamó a lo mejor del espíritu venezolano a seguir viviendo. Como poeta gozó con sus poemas de una popularidad que seguramente sólo tuvo Abigail Lozano (1821-1866) durante el siglo XIX, Andrés Mata (1870-1931) a principios del presente, Aquiles Nazoa (1920-1976) a partir de los años cincuenta o Víctor Valera Mora (1935-1984) en los últimos tiempos. La fama lograda fue inmensa, pocos de los creadores con el verso han logrado tan alta estimación pública. Esto fue especialmente cierto con los textos que él recogió en su libro Poda. En su obra se halla un registro muy amplio, en la cual entra lo personal, como en El alma inquieta; lo geográfico y lo telúrico le dan carnadura a El río de las siete estrellas; lo tradicionista aparece en El limonero del Señor; es juguetón en El conejo blanco o en El gato verde; suyos son romances sobre tradiciones, como en La loca luz Caraballo; la transida emoción filial le hizo concebir su mejor poema A un año de tu luz o dejar escrito el viril testamento en su Canto a los hijos.

Andrés Eloy Blanco siempre se recordará por las famosas palabras que dijo cuando era Congresante a saber: "En el Mundo hay dos cosas que hacen mucha bulla; la primera: un automóvil viejo; y la segunda: un parlamentario recién elegido por primera vez." (www.efemeridesvenezolanas.com/html/blanco.htm)

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Published by JULIAN - en INTERESANTE
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Comentarios

maximiliano 08/10/2009


muy bueno tu blog!! sii puedes pasa por el mioo!! te lo agradeceria!! gracias =)


kelly leon 08/06/2010



hola muy buen día estaba viendo la información de tu blogs, es muy importante me gusta, soy estudiante de comunicación social estoy haciendo una investigacion
de andres eloy blanco serias muy amable si me faclitas algo de informacion que  contienes alli no puedo copiar gracias espero tu respuesta!!



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