Sindicación

  • Flujo RSS de los artículos

Presentación

Categorías

OPINA AQUÍ

Recomendar


Wednesday 8 july 2009 3 08 /07 /Jul /2009 18:36
- Escribir un comentario

CSA.jpgCSA.jpgCSA.jpgCSA.jpgCSA.jpg                   

Cruz María Salmerón Acosta nación en El Guarataro de Manicuare, municipio Cruz Salmerón Acosta, península de Araya. Vino a la luz del mundo el 3 de enero de 1892 y murió el 30 de julio de 1929. Su existencia estuvo signada por el dolor, la tragedia vital y la amargura que significó sufrir la lepra hasta las últimas consecuencias. Toda su poesía está impregnada de un tono evocativo, rica en cromatismos y símbolos, lo cual lo pudieran acercar al modernismo. Casi toda su obra poética se expresa a través del soneto, el cual fue la estructura modernista por excelencia, sin descartar otras formas líricas. Su soneto más conocido se titula AZUL, el cual fue musicalizado por el Grupo Oriente en forma de polo oriental. Se publica una selección de sus poemas más representativos, tomados del libro Fuente de Amargura, el cual fue editado por la imprenta universitaria de la Universidad de Oriente en 1987.


De él se refirió Pedro Pablo Barnola en la obra Poesía sucrense, publicada por ENSAL en 1970, del siguiente modo:


"Cardo florecido junto al mar, diríamos que fue Cruz Salmerón Acosta (1829-1929). Con admirada emoción escribimos el nombre de este bien recordado poeta, símbolo del infortunio resignado. "Poeta del dolor" le ha llamado uno de sus biógrafos, a causa del mal incurable de su tiempo, que luego de azotarlo por muchos años, agotó la existencia de quien apenas contaba 37 años de edad. Bajo el azul cielo de Manicuare, su cuna y su tumba, floreció entre espinas de dolor aquel delicado poemario que su autor tituló Fuente de amargura."
                        
          
                             AZUL                                                                                         
                                                                                                            
Azul de aquella cumbre tan lejana                                             

hacia la cual mi pensamiento vuela
bajo la paz azul de la mañana,
¡color que tantas cosas me revela!

Azul que del azul del cielo emana,
y azul de este gran mar que me consuela,
mientras diviso en él la ilusión vana
de la visión del ala de una vela.

Azul de los paisajes abrileños,
triste azul de mis líricos ensueños,
que me calma los íntimos hastíos.

Sólo me angustias cuando sufro antojos
de besar el azul de aquellos ojos
que nunca más contemplarán los míos.


                         SUPLICIO

Cuando vieron mis ojos tu silueta querida
acercarse a la puerta de mi eterna clausura,
me creí que volvía para mí la ventura
que perdí en los mejores abriles de mi vida.

Emoción inefable, dicha nunca sentida,
me causó la presencia de tu regia hermosura,
y tu sana alegría derramó su dulzura
en la inmensa amargura de mi alma dolida.

Ante tu despedida un dolor me exaspera;
ser para ti tan sólo un amigo cualquiera
a quien pueda olvidarse por cualquier otro amigo.

Y un profundo sollozo se me escapa del pecho,
porque en vano deseo levantarme del lecho
en que ha tiempo me angustio, para irme contigo.


               AMOR SIN ESPERANZA

Allá donde se besan mar y cielo,
la vela del navío tan lejano
finge el último adiós de tu pañuelo
que aleteó cual pájaro en la mano.

Te fuiste ayer de mi nativo suelo
para otro suelo que se me hizo arcano,
y sufro todavía un desconsuelo,
desesperado de esperarte en vano.

A cada vela errante me imagino
que a mis brazos te atrae, o que el destino
hacia la playa donde estoy te lanza.

De nuevo la nostalgia me tortura,
pensar en que tendré la desventura
de morirme de amor sin esperanza. 

                  
                         A LA CRUZ

Sagrada cruz, yo sí te he profanado
entre unas manos de mujer querida,
y en el tosco puñal con que he intentado
dar a mi corazón la última herida.

Mas, cien veces, contigo me he abrazado
junto a una tumba, entre otras mil perdida,
y con gran reverencia te he llevado
en mi nombre, en mi sangre y en mi vida.

¿Qué importa que después, cuando yo muera
y acompañes mi tumba nadie quiera
regarnos rosas ni piadoso lloro?

Los abrojos que nazcan en mi fosa
han de ofrecernos ---oblación piadosa---
su triste siempre floración de oro.

   
Escribir un comentario - Ver los 4 comentarios - Por Julián Rivero - Comunidad: JOROPO TRANCAO - Publicado en: POESÍA
Volver a la página principal
 
Crear un blog en OverBlog - Contacto - C.G.U - Remuneración por el programa "Gana con tu Blog" - Reportar un abuso - Artículos más comentados